Cuando Cintia le preguntó con preocupación, Marisa explicó que un enchufe en su casa había hecho corto y se incendió la cocina.
El fuego no fue muy grande. El hijo y la nuera de Marisa estaban en casa y lo apagaron rápido.
Cintia le recordó que debía tener mucho cuidado con la electricidad y cambiar esos enchufes viejos.
Marisa estaba arrepentida. —Cuando se incendió tu casa el año pasado debí haberlos cambiado. ¡Me confié y mira las consecuencias!
Cintia y Daisy se quedaron pasmadas al escuchar eso.
—¿Se incendió mi casa? ¿Cuándo? ¿Por qué no me enteré? —preguntó Cintia totalmente confundida.
Marisa dijo: —Fue más o menos por estas fechas el año pasado. Tu cocina se prendió. Tú no estabas en casa, fue el novio de Daisy quien vio el humo. Se trepó desde mi casa hasta la tuya y apagó el fuego con sus propias manos. Fue muy peligroso, yo estaba temblando de miedo por el muchacho. Estamos en un doceavo piso, si se hubiera caído, no lo cuenta.
El año pasado... novio...
El corazón de Daisy dio un vuelco.
El único que Marisa conocía era Oliver.
Marisa reaccionó en ese momento y corrigió: —Bueno, ahora es exnovio. Daisy me dijo el año pasado que terminaron. Me dio mucha pena en su momento, era un buen muchacho, qué lástima que terminaron.
Ni siquiera Cintia sabía de esto.
Pero recordaba que por esa época Oliver iba mucho a buscarla, e incluso le cambió todos los enchufes de la cocina.
En ese entonces, ella estaba enojada por lo que le hizo a Daisy y no lo trató bien; incluso le dijo cosas feas.
Cintia, temiendo que Daisy pensara demasiado en eso, desvió el tema rápidamente: —Pues no era el destino. Ya terminaron, que cada quien siga su camino. Pero tú ten mucho cuidado con el fuego y la luz en tu casa.
Marisa asintió repetidamente.
De regreso a casa, Cintia observaba discretamente la reacción de Daisy.
Al verla tranquila, soltó un suspiro de alivio en su interior.



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