La abuela Castaño, con toda su experiencia, entendió de inmediato el tono de Daisy.
Se giró bruscamente hacia Pedro.
—¡Habla tú! ¡¿Qué fue lo que pasó?!
—... Todavía lo están investigando —explicó Pedro.
—¿Están investigando de verdad o nada más estás tratando de cubrirte? Cuando la llamaste para hablar, ella estaba perfectamente bien. ¿Cómo es que en un abrir y cerrar de ojos terminó tirada en el suelo y perdió al bebé?
Daisy no pudo más y acusó a Pedro con voz severa.
¡Ese también era su hijo!
¿Cómo podía ser tan... tan indiferente?
¿Por qué?
¿Por qué actuaba como si no tuviera nada que ver con él?
Pedro intentó explicarse:
—Después de hablar con ella, se fue. Yo no sé qué pasó después.
—Tampoco sabía... que estaba embarazada.
—Tú... —la abuela Castaño estaba furiosa al escucharlo—, ¡eres un desgraciado!
—Mija, ¿me puedes decir tú qué pasó? —la abuela se dirigió a Camila—. ¡Yo te haré justicia!
Camila seguía sollozando:
—Estaba regresando para buscar a Daisy cuando alguien me empujó con fuerza por la espalda. Caí por las escaleras y después... ya no supe nada.
—¡Fue Jimena! —esa fue la reacción inmediata de Daisy.
La abuela Castaño hizo una pausa.
—¿Jimena?
Daisy le contó a la abuela lo que había sucedido ese día, incluyendo cómo Jimena le había hecho la vida imposible a Camila.
La abuela apenas podía contener su rabia y llamó a Pedro:
—¡Sal conmigo!
Luego acarició suavemente a Camila.
—Descansa, mija, ahorita regreso contigo.
Cuando abuela y nieto se fueron, Camila fue dejando de llorar poco a poco.
Su mirada estaba vacía.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar