Al preguntar, Camila recordó lo sucedido días atrás. Se dio una palmada en la frente. —¡Qué cabeza la mía! ¿Cómo se me pudo olvidar algo tan importante?
Luego, mentalmente, le mentó la madre a Pedro. ¡Todo por culpa de ese patán y su escándalo con la mosca muerta de Jimena, que la distrajeron de lo verdaderamente importante!
Camila dejó de lado el postre y el café, se giró hacia Daisy y preguntó: —¿No me has dicho qué pasó exactamente esa noche? ¿Cruzaron la línea?
Si no, ¿por qué Oliver la estaría evitando? ¡Claramente tenía cola que le pisen!
Daisy titubeó. —No...
—Pero si te drogaron —insistió Camila con cara de interrogatorio—. El médico que trajo Camilo te revisó y dijo que la droga que te dio esa loca era muy fuerte. O te ponían un antídoto intravenoso o necesitabas un hombre. Y tú claramente no recibiste el suero.
Daisy se puso más nerviosa. —Pues... eso...
Camila, que era impaciente por naturaleza, al ver que su amiga no soltaba prenda, fue directa al grano:
—A ver, dime la neta: ¿sí pasó algo entre ustedes o no?
Daisy se quedó muda. Tener una amiga tan directa era una bendición y una maldición.
—¿Por qué te pones roja? ¡Contesta! —se desesperó Camila.
Daisy se cubrió la cara con las manos. —¡De todo un poco, ¿contenta?!
—Entonces... ¿te evita porque no dio el ancho? —dedujo Camila.
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