Sin embargo, no había mucha gente enterada del asunto. El único nombre que le venía a la mente a Daisy se hacía cada vez más claro.
—Lo siento, señor Paredes, este asunto no tiene nada que ver conmigo. Se equivocó de persona.
Federico se quedó atónito. —Señorita Ayala, vengo con toda la honestidad a buscarla...
Daisy lo interrumpió: —Le estoy diciendo la verdad. No pierda su tiempo aquí.
Federico vio que no estaba bromeando; su corazón dio un vuelco y su rostro palideció. Sin perder un segundo más, salió apresuradamente de la pastelería con su gente.
Apenas Daisy salió del local, recibió una llamada de Camilo. Federico había sido rápido; seguramente le marcó a Camilo en cuanto salió de ahí. Daisy podía intuir el motivo de la llamada.
Al contestar, Camilo fue directo: —¿Puedes contactar a Oliver? Parece que él se llevó a Luciana.
Daisy fue igual de directa: —No me contesta el teléfono.
—Inténtalo de nuevo.
Daisy lo intentó, pero seguía sin poder comunicarse con Oliver. No sabía dónde estaba ni qué le había hecho a Luciana.
Camila, que había escuchado todo, comentó: —Oliver se portó como un hombre esta vez.
Ella era de las que defendían a los suyos sin importar la razón. Esa loca de Luciana había lastimado a su amiga, así que si le pasaba algo, ¡se lo tenía merecido! Que no creyera que por estar loca podía hacer lo que quisiera.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar