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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 802

—Tú fuiste la que empezó, ¿entiendes?

Oliver aumentó la presión poco a poco.

—¿No fue suficiente la lección de hace cinco años? ¿Por qué tenías que volver a meterte con ella? Te lo advertí, pero no aprendes.

El lomo del cuchillo dejó una marca en su cuello tembloroso.

En ese momento, Luciana sintió que se le iba el aire; no se atrevía ni a respirar. Tenía pavor de que cualquier movimiento, por mínimo que fuera, provocara al hombre de mirada siniestra que tenía enfrente.

Jamás había visto una expresión tan aterradora en el rostro de un hombre. A pesar de ser tan guapo, su mirada le helaba la sangre.

—Me equivoqué, perdóname, de verdad me equivoqué. —Luciana estaba aterrorizada—. No lo volveré a hacer, te lo ruego, déjame ir.

Las lágrimas le inundaron los ojos al instante; gruesos lagrimones caían mezclados con sudor frío. Todo su cuerpo temblaba violentamente.

Oliver movió el cuchillo lentamente; la punta se deslizó hacia abajo y cortó de un tajo las cuerdas que la ataban.

Luciana pensó que la había perdonado y estaba a punto de deshacerse en agradecimientos.

Oliver tiró la daga, se dio la vuelta y ordenó a los hombres que estaban en la habitación:

—Atiendan bien a la señorita Paredes.

Antes de que Luciana pudiera procesar lo que ocurría, Oliver y Luis ya se habían ido.

La puerta se cerró de nuevo y la habitación quedó en penumbras.

Trató de levantarse, pero descubrió que sus extremidades estaban tan débiles que no le respondían.

Su cuerpo también reaccionaba de forma extraña.

Tenía mucho calor.

Sentía como si miles de hormigas le recorrieran la piel.

—¿Qué me dieron? ¿Por qué me siento así? —Luciana comenzó a arrancarse la ropa con desesperación.

—No debería ser algo nuevo para usted, señorita Paredes. ¿Acaso no consiguió usted misma esta droga? Debería conocer sus efectos mejor que nosotros.

¿Qué efectos?

¿Acaso era la misma droga que había ordenado darle a Daisy?

¡No!

El rostro de Luciana se llenó de pánico.

—¡Déjenme salir! ¡Sáquenme de aquí!

Pero nadie le hizo caso.

Esa era una escena que jamás olvidaría.

Aunque ya hubieran pasado años.

Aunque supiera que Daisy estaba a salvo ahora.

Al recordarlo, todavía sentía un terror y un pánico intensos.

Al hablar de ello, le temblaba la voz.

Incluso se le hacía un nudo en la garganta sin darse cuenta.

—Si tan solo... si tan solo hubiera llegado un segundo tarde, no habría podido salvarla.

Había planeado su venganza durante años.

Sabía perfectamente que existía una gran posibilidad de que Daisy y él tomaran caminos separados.

Podía aceptar que ella hiciera su vida sin él, incluso que se casara y tuviera hijos con otro hombre, siempre y cuando fuera feliz.

Pero lo único que no podía tolerar era que muriera.

Y mucho menos que muriera frente a sus ojos.

Por eso, ¡Luciana merecía morir!

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