Por otro lado, quería ver si lograba interceptar a Oliver.
Pero no consiguió nada.
Oliver parecía haberse tragado la tierra.
El celular apagado, los mensajes sin respuesta... ni siquiera podía contactar a Luis.
Cuando regresó a San Martín, fue a la casa de la familia Aguilar.
Tampoco tuvo suerte.
Hasta Susana le dijo que Oliver llevaba un buen rato sin pararse por ahí.
Al escuchar esto, Camila chasqueó la lengua.
—¿Piensa seguir de sacatón toda la vida?
Daisy no respondió.
¿Quién sabe?
Sin embargo, durante este tiempo, su mente se había ido calmando y había reflexionado mucho sobre el pasado.
Últimamente, se había dado cuenta de cosas que antes pasaba por alto.
Era como conocer a Oliver de nuevo.
Todos los hechos le indicaban que a Oliver le importaba mucho ella.
Pero también era cierto que eligió estar con Vanesa Espinosa.
Y que iba a comprometerse con ella, también era cierto.
Al igual que Camila, Daisy no quería que los hombres le amargaran la existencia, así que prefirió no hablar más del tema.
Ambas notaron la intención de la otra y, con tacto, esquivaron la conversación.
—Mañana es tu cumpleaños, ¿qué quieres hacer? —preguntó Daisy.
—No lo he pensado. Ya sabes que hace años que no lo celebro.
Porque su cumpleaños coincidía con el aniversario de bodas de sus papás y, además, fue el día en que su mamá se quitó la vida.
Desde que su madre murió, jamás volvió a celebrar.
—Entonces vamos a cenar algo tranquilo —dijo Daisy, consciente de su dolor, sin indagar más.
—Va, invita a la jefa también.
Daisy reservó en la Bodega del Arroyo.
Le había hablado de ese restaurante a Camila antes y ella tenía ganas de ir.
Al día siguiente por la mañana, Camila tenía una entrevista para una revista. Al terminar, planeaba ir directo al restaurante para encontrarse con Daisy.
Pero apenas terminó la entrevista y sacaba el celular para marcarle a Daisy, apareció Pedro.
Camila soltó una risa helada.
—¡Vaya que te encanta meterte donde no te llaman!
Claro, ¿cómo iba a acordarse Pedro de su cumpleaños?
Pedro frunció el ceño, molesto por el tono de Camila, y comenzó a sermonearla:
—¿Qué manera de hablar es esa? Venimos con toda la buena intención desde Puerto Real para festejarte. Jimena hasta se tomó la molestia de elegirte un regalo, ¿y tú respondes con esa actitud?
Como si estuvieran coordinados, Jimena extendió inmediatamente la bolsa de compras que traía.
Con una actitud tímida y cuidadosa, dijo:
—Pedro me comentó que no sabía qué te gustaba, así que me pidió que preparara un regalo de su parte también. Aquí hay dos presentes, espero que te gusten.
Camila ni siquiera hizo el intento de tomar la bolsa.
¡Jamás lo aceptaría!
Sintió una oleada de asco en el estómago.
Pedro, al ver que Jimena se quedaba con la bolsa en el aire, frunció el ceño de nuevo y le advirtió a Camila:
—Jimena pasó todo el día eligiendo esos regalos. No desprecies su buena voluntad.
Era obvio que temía que Camila dejara a Jimena en ridículo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar