Los demás empleados de InnovaMex, al ver la situación, empezaban a murmurar a sus espaldas si la jefa ya estaba a punto de pisar el altar.
Al fin y al cabo, eso era lo que decían las noticias.
Camilo había reservado en un restaurante cerca de Puerto Victoria.
Puerto Victoria de día no era igual que de noche.
Durante el día, era un lugar fresco, abierto y lleno de vida.
Pero al caer la noche, se volvía un espectáculo deslumbrante, de ensueño y lleno de luces.
A Daisy le gustaba más de noche.
Sin saber por qué, su mente se distrajo por un momento y unos recuerdos bastante candentes cruzaron por su cabeza.
Sintió que el rostro le ardía sin querer, y al final tuvo que tomarse más de media copa de limonada con hielo para despabilarse.
Una vez que sirvieron las entradas, Camilo fue al grano.
—Los padres biológicos de Nina ya renunciaron a pelear por la custodia. Este asunto por fin se terminó.
Daisy se sorprendió bastante.
Sobre todo porque, durante la primera audiencia, ellos se habían mantenido muy en su postura.
¿Cómo era que de buenas a primeras decidían rendirse?
—En realidad nunca les interesó quedarse con Nina, de lo contrario no la habrían abandonado en primer lugar —explicó Camilo—. Todo este circo lo armaron porque el padre biológico se metió en problemas y Federico Paredes lo tenía agarrado del cuello. Federico usó eso para chantajearlos y obligarlos a pelear la custodia. Sabía que yo haría lo que fuera por quedarme con la niña, incluso casarme, así que aprovechó la jugada para sugerir que me casara con Luciana Paredes.
En los cinco años que habían pasado desde la muerte de la señora Ferrer, Camilo y Daisy casi no habían cruzado palabra.
Por eso, Federico estaba tan seguro de que Camilo no sentía nada por Daisy.
Y también estaba convencido de que no había ninguna otra mujer en su vida.
Solo así se atrevió a jugarse esa carta tan arriesgada.
—Pero por más que planeó todo, nunca se imaginó que de la nada te pediría que fingiéramos estar comprometidos.
Durante el primer fallo del juez, la noticia de la muerte de Federico aún no se había hecho pública. El padre de Nina no lo sabía, por eso seguía tan terco.
Fue hasta hace un par de días, cuando la familia Paredes anunció la muerte de Federico y su esposa, que el hombre por fin pudo respirar tranquilo.

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