Tania sonrió y dijo:
—¡Entonces vámonos! ¡Hoy mismo vamos al registro civil!
Gael preguntó:
—¿Y no les vamos a decir nada a don Rafael y doña Beatriz?
Tania contestó:
—¡Hay que darles una sorpresa!
—¿No será más bien un susto? —insistió Gael.
—¡Para nada! Ahora te ven como a un hijo, seguro que lo que más quieren es que te lleve de una vez a la casa. Cuando tengamos el acta de matrimonio, ya serás oficialmente mío, ¡hasta el gobierno lo va a reconocer! —bromeó Tania.
Gael la miró, todavía inseguro.
No habría fiesta, ni anillo de bodas. Sentía que no era suficiente para ella.
—Mira a Aspen y Carol, llevan años juntos y apenas están organizando la boda. Creo que para todas las mujeres, la boda es algo importante —dijo Gael con sinceridad.
Tania le respondió:
—No te digo que no. Pero por más importante que sea la boda, el amor de mi esposo me importa mucho más. ¡Lo que más quiero es que me ames! Eso es lo que vale.
—Podríamos casarnos durante un viaje, y si después de regresar todavía queremos hacer una boda, la organizamos, ¿te parece?
—¿Y seguro que no te vas a sentir mal? —preguntó Gael, dudoso.
Tania apretó los labios y le soltó:
—¡Si no quieres, pues ni modo!
Intentó zafarse del abrazo de Gael, pero él la sostuvo con fuerza, riendo:
—¡Sí quiero!
Tania le dio un beso en la barbilla, contenta.
—Entonces anda, cámbiate. Vamos a tomarnos las fotos y directo al registro civil.
Gael tragó saliva y asintió:
—¡Va!
Fue al vestidor a cambiarse. Tania lo miró de espaldas y sintió que estaba "secuestrando" a un hombre hecho y derecho.
Sonó el celular. Era un mensaje de Sebastián, avisando que había llegado bien a destino.
Tania respondió:
"Recibido, cuídate mucho por allá."
Luego vio los mensajes del grupo de sus mejores amigas.
Con la cara colorada, escribió:
"En la noche invitamos a cenar Gael y yo, pueden llevar a sus parejas, ¿quién se apunta?"

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