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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2452

Al salir del registro civil, Tania llevó a Gael a comprar un gran ramo de crisantemos.

Gael la miró con curiosidad, y Tania le explicó:

—Nos casamos. Hay que ir a contarle a mis papás y a los tuyos, para que también se alegren, ¿no crees?—

Gael, conmovido, se quedó observando a Tania unos segundos, luego encendió el coche y se dirigieron juntos al Panteón de los Mártires.

Ambos se arrodillaron frente a la tumba de los esposos Redón. Cuando Tania pronunció la palabra "nuera", los ojos de Gael se llenaron de lágrimas.

Jamás hubiese imaginado que algún día iría con su esposa a visitar a sus padres y a encenderles una veladora.

Si de verdad existían los espíritus, estaba seguro de que, en ese momento, sus papás estarían felices.

Ahora tenía esposa, tenía una familia...

Al salir del panteón, los dos fueron juntos a la casa grande.

Cuando Rafael y Beatriz se enteraron de que se habían casado, se quedaron tan sorprendidos que tardaron un rato en reaccionar.

Recién cuando vieron el acta de matrimonio, se emocionaron de verdad.

—¿Cómo que no nos avisaron antes de algo tan grande?— preguntó Rafael, todavía incrédulo.

Tania se rió y contestó:

—¡Era para sorprenderlos!—

Beatriz no paraba de asentir, feliz.

—¡Muy bien, muy bien! Rafael, ve por el vino tinto que guardamos en el armario, vamos a brindar los cuatro juntos.—

Rafael se apresuró a buscar el vino y, mientras servía las copas, preguntó:

—¿Van a hacer fiesta o algo así?—

Tania respondió:

—Yo quiero viajar y casarnos por ahí, pero la fiesta la dejamos para después.—

Gael, temiendo que los mayores se sintieran incómodos, se apresuró a decir:

—Claro que sí haremos fiesta. Ya tenemos la boda y los anillos listos. Señor Rafael, no se preocupe.—

Tania le dio un pequeño codazo, divertida.

—Tienes que cambiar la forma de llamarlos.—

Gael se puso nervioso, y después de dudar un rato, soltó:

—¡Papá, mamá!—

En ese instante, Rafael y Beatriz se emocionaron tanto que casi se les salen las lágrimas.

—Ay, de veras ustedes... ni avisaron para que al menos les preparáramos un sobrecito con dinero.—

Beatriz rápidamente dijo:

—¡Les hacemos una transferencia!—

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