—No te preocupes. Leí esos documentos y ya tengo todos los datos guardados justo aquí.
Bianca se tocó la cabeza con el dedo índice.
Vicente se quedó pasmado por un segundo, ¡y luego una inmensa ola de emoción lo invadió!
—Con razón insististe tanto en revisar esos archivos. Pero era un manual gigantesco, ¿de verdad te lo aprendiste todo de memoria?
Bianca asintió con una sonrisa.
—Sí, ¿ya lo olvidaste? Soy extremadamente sensible a ese tipo de datos. ¿Te acuerdas de cuando el profesor olvidaba su libreta y me usaba como grabadora humana para luego pedirme que le repitiera cada palabra de las reuniones? Tengo memoria fotográfica.
Para muchos, tener memoria fotográfica era solo una frase hecha, pero en el caso de Bianca era literal. Su cerebro no tenía límite de almacenamiento ni sufría por el paso del tiempo.
Aunque eso también era su mayor maldición, porque las heridas y los traumas no se desvanecían ni se curaban con los años...
El auto se puso en marcha. Justo cuando Bianca estaba a punto de cerrar los ojos para descansar, giró la cabeza hacia la ventana y vio a lo lejos a Melisa junto a Romeo Paredes...
El vehículo se alejó rápidamente, por lo que Melisa no la notó.
Ella estaba en la cafetería frente al Centro Médico Figueroa, esperando a Damián. Le había pedido un café a Romeo y, al verlo tan frustrado, intentó animarlo.
—Volver para heredar el negocio de tu familia tampoco es mala idea, ser médico es muy agotador... Además, todo esto te pasó por mi culpa...
—Tú no tienes la culpa de nada —le respondió Romeo tras darle un sorbo a su café—. Yo asumo las consecuencias de mis actos.
—¡Lo que me da rabia es la impotencia! ¡Me enferma ver cómo esa trepadora ignorante se sale con la suya!
—¿Con qué derecho va a dar a luz al heredero de los Figueroa? Pensé que al ver lo perfecta que eres, se daría cuenta de que no está a tu altura y se largaría después de abortar. ¡Pero no solo no lo hizo, sino que ahora se siente intocable! ¡Y hasta logró que Vicente te despidiera!
Melisa también pensaba que Vicente había perdido la cabeza.
Despedirla a ella por culpa de Bianca le parecía tan ridículo como patético.
—Me acabo de enterar de que los padres de Vicente están a punto de volver al país —comentó Melisa—. Seguro les llegaron los rumores de las locuras que está haciendo por Bianca y vienen a poner orden. Cuando lleguen, te aseguro que tendrán una charla privada con ella y la obligarán a darnos la cara y pedirnos disculpas a todos.
Romeo asintió. Recordando lo estrictos que eran los padres de Vicente con lo correcto y lo incorrecto, sintió que había esperanza.
—Sí, dejemos que los padres de Vicente se encarguen de pisotearla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa