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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 119

Melisa aceptó la invitación con una sonrisa triunfal.

El simple hecho de que solo pudieran entrar aquellos con logros reales en tecnología significaba una cosa: Bianca no podría pegarse a ella como una sanguijuela para copiar sus movimientos.

Aunque sabía que Bianca jamás estaría a su nivel, le revolvía el estómago tener que lidiar con alguien que intentaba imitarla en todo.

Con el ánimo mucho mejor, Melisa comentó:

—La próxima vez que vea a Bianca, voy a dejarle muy claro que deje de meterse en tu relación con Damián. Y tranquilo, es obvio que a Damián le importas mucho más tú que ella. Si te está tratando con frialdad ahora, es solo porque la abuela está encaprichada con el bebé de Bianca.

Romeo asintió, convencido de que la distancia de Damián era exclusivamente por la presión de doña Estela.

El asistente se ofreció a escoltar a Melisa a su casa. Todos en el círculo sabían cómo funcionaban las cosas: si Damián la trataba como a una reina, ellos debían tratarla como a la futura esposa del jefe del Grupo Figueroa.

Melisa no rechazó el gesto. Al fin y al cabo, merecía un buen descanso después de todo el drama.

❀

Mientras tanto, Bianca regresó a su habitación en el hospital, lista para firmar su alta.

Pero Vicente se interpuso.

—No puedes irte. Tienes que quedarte recostada y recuperarte bien.

—¡Siento que la inspiración me desborda! —insistió Bianca—. Tengo la mente clarísima, sé que hoy mismo puedo calcular una nueva ruta para destrabar el proyecto. Además, solo fue una caída, ya estoy perfecta.

Vicente le puso las manos en los hombros. Su mirada se desvió un instante hacia el vientre de Bianca. Estuvo a punto de decirle la verdad sobre su embarazo, pero al verla tan motivada, sintió miedo de que, en el fondo, ella todavía guardara sentimientos por Damián y esa noticia lo arruinara todo.

Así que prefirió tragarse el secreto.

—Hazme caso, ¿acaso crees que te haría algún daño?

Bianca se rindió y volvió a recostarse en la cama.

—Vicente... siento que me estás ocultando algo.

Vicente forzó una sonrisa.

—¿Y si fuera así? ¿Te daría miedo?

—No. Si tú y el profesor me ocultan algo, sé que es por mi propio bien.

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