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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 60

Melisa simplemente sonrió, como si todo ya estuviera decidido a su favor.

Xavier se dirigió a la anciana con un tono sobrio y calculado:

—Señora Figueroa, ya que ha sido testigo del innegable talento de Melisa, ¿qué le parece si nos acompaña a cenar para celebrar el triunfo de las nuevas generaciones?

El rostro de la abuela se ensombreció.

Había estado escuchando toda la reunión, y parecía que la entrada de Melisa al proyecto del gobierno era un hecho inminente.

Pero si aceptaba esa invitación, ¡sería lo mismo que darle su bendición y pisotear públicamente a Bianca!

No estaba dispuesta a caer en ese juego.

Ignoró por completo a Xavier, tomó la mano de Bianca y se preparó para irse:

—Pídeme lo que quieras hoy, mi niña. Joyas de oro, diamantes, esmeraldas... la abuela te comprará lo que se te antoje.

El corazón de Bianca dio un vuelco:

—Tengo una petición... y espero que la acepte.

Si la abuela tenía el poder de hacer que la empresa aprobara su renuncia en cinco minutos, seguramente también tenía la autoridad para exigir el divorcio.

Damián respetaba demasiado a la anciana como para llevarle la contraria.

La abuela, que se sentía culpable por haberla expuesto a esa humillación, asintió de inmediato:

—¡Claro que sí! No importa lo difícil que sea, yo me encargaré de hacerlo realidad. ¡El dinero no es problema!

Todos en la sala escucharon la conversación con claridad.

No les quedó la menor duda: Bianca le iba a pedir a la anciana que interviniera para forzar a Damián a amarla y asegurar su posición como la matriarca de la familia.

—Esa vieja la tiene embrujada. ¡Le lavó el cerebro por completo! —murmuró Romeo, diciendo en voz alta lo que los demás pensaban.

Xavier no dijo nada, pero planeaba contarle a Damián cada detalle de ese ridículo espectáculo.

Melisa, por su parte, frunció el ceño con disgusto, pero mantuvo su fachada:

—No pasa nada. El tiempo pone a cada quien en su lugar. Con los días, la abuela se dará cuenta de qué clase de persona es realmente.

Apenas terminó la frase, Tomás regresó al salón acompañado de su equipo.

Melisa recuperó su sonrisa radiante, se acercó y extendió la mano hacia Tomás, lista para firmar el contrato.

Sin embargo, Tomás no le devolvió el saludo. Le dirigió una sonrisa estrictamente profesional y soltó la bomba:

—Lo lamento mucho. Hemos decidido que la señorita Serrano no se hará cargo del proyecto.

Capítulo 60 1

Capítulo 60 2

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