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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 121

Lucía entró a la oficina de presidencia. Al empujar la puerta, vio a Alejandro Zavala con la cabeza ligeramente inclinada, escuchando atentamente a Jimena.

Probablemente hablaban de trabajo, ya que la mirada de ambos estaba fija en unos documentos sobre el escritorio. Sin embargo, el largo y sedoso cabello de Jimena rozaba el hombro del hombre, añadiendo un aire innegablemente íntimo a la escena.

Lucía detuvo sus pasos por una fracción de segundo, apretó los dientes en secreto y terminó de entrar.

—Señor Zavala, disculpe la interrupción.

Al escuchar la voz de Lucía, Jimena recogió los documentos, pero no se movió de su lugar. Su mirada clara y fría se clavó en la recién llegada.

—¿Qué sucede? —preguntó Alejandro con tono indiferente.

—El banquete que mi familia reservó originalmente era con mesas redondas, pero ahora queremos cambiarlo a mesas largas estilo buffet. Le agradecería que se lo comunicara al hotel.

Antes de que Alejandro pudiera abrir la boca, Jimena frunció el ceño y le reprochó:

—¿Vienes hasta aquí por un asunto tan trivial? ¿No deberías hablarlo directamente con la administración del hotel?

—Mi hermano está en un viaje de negocios y es muy probable que el personal del hotel no me reconozca —respondió Lucía, quien ya había preparado esa excusa antes de llegar.

Jimena soltó una risa irónica al escucharla. Ella sabía perfectamente cuál era la verdadera razón.

¿Venir personalmente hasta la oficina de Alejandro para informar sobre un detalle tan pequeño? ¡Estaba claro que solo buscaba una excusa para verlo!

El rostro de Alejandro no mostró la más mínima alteración. Miró a Lucía con total tranquilidad y dijo:

—De acuerdo, me encargo.

—Disculpe, pero este es un evento muy importante para mi hermano y mi cuñada, no hay margen para errores. Me gustaría esperar a que usted haga la llamada antes de irme.

El silencio se apoderó de la habitación por un instante. Alejandro la observó durante unos segundos antes de tomar el teléfono y marcar a la gerencia del Gran Hotel Zavala.

Como era de esperarse, el gerente del hotel atendió la llamada con suma reverencia, asegurando que no habría ni un solo fallo.

Lucía suspiró aliviada.

—Gracias, señor Zavala. Gracias, señorita Jiménez. Mi hermano y mi cuñada esperan contar con su presencia en la boda.

Tras decir esas palabras de cortesía, y sin importarle la expresión de ninguno de los dos, se dio la vuelta y salió.

Jimena se quedó sin palabras.

Por suerte, Lucas se dio cuenta de lo que estaba haciendo casi de inmediato. Perdió el control solo por un par de segundos y la soltó rápidamente.

—Alejandro no siente el más mínimo interés por ti —dijo Lucas de repente con una sonrisa macabra—. Aún eres joven, no lo entiendes... pero para que un hombre quiera algo contigo, primero tiene que sentir deseo.

Mientras hablaba, se acercó peligrosamente al cuerpo de Lucía.

Al comprender sus intenciones, el rostro de la joven palideció de golpe. Retrocedió un paso e, instintivamente, levantó la mano.

¡Zas!

Una bofetada resonó en el aire. Lucas, tomado por sorpresa, recibió el golpe de lleno, y una marca roja apareció de inmediato en su mejilla.

La atmósfera pareció congelarse. Lucas se llevó la mano al rostro, incrédulo. Su expresión se volvió gélida, amenazante.

No alcanzó a decir ni una palabra.

En ese preciso instante, atraídos por el ruido, Alejandro Zavala y Jimena Jiménez entraron al pasillo de las escaleras.

Al notar la tensión en el ambiente y ver lo cerca que estaba Lucas de Lucía, Alejandro no pudo evitar fruncir el ceño.

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