Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 123

Dos días después, Julio regresó.

Lucía por fin pudo respirar aliviada. Al mediodía tenía un compromiso con Isabel Luna, quien, tras recuperar su libertad, la había invitado a almorzar. Era la oportunidad perfecta para entregarle la invitación de la boda.

Al entrar al restaurante, Lucía vio que Isabel ya había pedido algunos platillos y estaba despidiendo al mesero. Caminó a paso rápido, jaló la silla y se sentó.

—Te veo más delgada —comentó Lucía.

—Sí, estoy a dieta estricta —respondió Isabel.

—Mi hermano se casa la próxima semana. Toma, llévate la invitación para tu familia —Lucía sacó el elegante sobre de su bolso y se lo tendió.

A Isabel le brillaron los ojos. Lo tomó con entusiasmo.

—¡Al fin se nos casa! El soltero más codiciado de la alta sociedad por fin sienta cabeza. ¡Muchísimas felicidades!

Lucía sonrió y chocaron sus vasos de agua.

—Lástima que no podré comer en la boda —suspiró Isabel—. Estoy estancada en mi pérdida de peso. Estos días haré ayuno líquido: solo tomaré café, leche y yogur.

—Ya que salimos, deberías comer un poco —le aconsejó Lucía, preocupada—. Ten cuidado, podrías desarrollar un ED.

—¡¿Qué?! ¿ED? ¿Eso no es lo que les da a los hombres... ya sabes, cuando no se les levanta el ánimo?

Lucía no pudo evitar soltar una carcajada.

—¿De dónde sacas esas tonterías? Seguro de ver tantos videos cortos en internet. Eres mujer, obviamente no hablo de eso. Me refiero a eating disorders, trastornos alimentarios. Ya sabes, anorexia, bulimia...

Isabel se cubrió el rostro con las manos, ruborizada hasta las orejas.

—Anda, come un poco. Hay que ir poco a poco, escuchando a tu cuerpo —Lucía le sirvió algo de comida en su plato con mucha dulzura—. Roma no se construyó en un día. Después de comer, te acompaño al gimnasio para quemar las calorías, ¿te parece?

—Eres la mejor —dijo Isabel, tomando los cubiertos con alegría. Sentía que en el pasado Lucía nunca había sido tan tierna. Ahora, a veces la veía como a una hermana mayor. Y como Isabel no tenía hermanas, esa sensación le encantaba.

Ambas compartieron la comida en un ambiente de total armonía.

En la mesa de al lado había un grupo de jóvenes. Al verlas, uno de ellos quiso acercarse a coquetear, pero su compañero lo detuvo.

...Samuel Yáñez.

Volteó de inmediato y, al segundo siguiente, ¡se puso de pie!

Efectivamente, era el mismo Samuel que ella recordaba. En esa época, él aún no había entrado a trabajar en Zavala Tech. Todavía era un informático cualquiera, explotado y humillado en una empresa emergente sin futuro.

Al ver a su amiga levantarse como si fuera a pelear, Isabel la jaló del brazo sorprendida.

—Oye, ya sé que el chico es guapo y no soportas ver que traten mal a los guapos, pero no tienes que ponerte así.

Pero Lucía actuó como si no hubiera escuchado nada. Caminó con paso firme hacia la mesa y le sonrió al chico con una amabilidad deslumbrante.

—Hola, disculpa la interrupción. Señor Yáñez, ¿podría darme su número de WhatsApp?

Todos en la mesa se quedaron mudos al instante. Samuel la miró, completamente desconcertado.

—Vaya, Samuel, tienes a una supermodelo pidiéndote el número —se burló uno de sus colegas para romper la tensión, aunque por dentro moría de envidia pensando: «¿Por qué se lo pide a este perdedor y no a mí?»

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero