¿El papá de Jimena? —Julio frunció el ceño, confundido. Era impensable que lo hubieran invitado. La empresa de la familia Jiménez estaba en números rojos, no cumplían los requisitos para entrar a un evento de esa categoría.
—Fíjate en quién está parado a su lado.
Cuando Julio dirigió la mirada hacia el hombre que acompañaba a Víctor, su expresión cambió drásticamente.
La sombra inseparable de Alejandro Zavala, su secretario principal, Mateo Vicario.
Cualquier pez gordo en ese salón conocía a Mateo. Verlo a él era exactamente lo mismo que tener a Alejandro Zavala frente a frente.
Y ese poderoso hombre, que solía mirar por encima del hombro a medio mundo, estaba en actitud servil junto a Víctor Jiménez, presentándole contactos y abriéndole puertas con los titanes de la industria.
La sangre se le heló a Julio. Barrió el salón con la mirada rápidamente.
Ni Alejandro ni Jimena estaban presentes.
Pero, astutamente, Alejandro había movido sus hilos desde las sombras para asegurar el éxito de su futuro suegro.
Cerca de ellos, algunos invitados que no reconocían la cara de Víctor Jiménez empezaron a murmurar e indagar, hasta que alguien soltó: —Me dijeron que ese tal Víctor es el padre de la nueva novia de Alejandro Zavala.
—¡Vaya! ¿El futuro suegro de Alejandro? Con razón Mateo Vicario lo trata como si fuera de la realeza.
—Dicen las malas lenguas que la hija de este hombre le salvó la vida a Alejandro. Era obvio que se lo iba a pagar con creces...
—Hay que reconocerlo, Víctor Jiménez es un viejo lobo de mar. Sabe aprovechar cada oportunidad que se le cruza.
—Ese zorro acaba de subirse al yate de los Zavala. ¡El futuro de los Jiménez no tiene techo!
—Ya ven lo que dicen, es mejor criar hijas bonitas. Si se casan bien, solucionan la vida de toda la familia.
—Totalmente cierto, totalmente cierto.
Al escuchar esos murmullos, el rostro de Julio se ensombreció. El ochenta por ciento de los negocios de la empresa de Víctor Jiménez competían directamente con el Consorcio García. ¡Eso era una declaratoria de guerra abierta!
Quedaba clarísimo que a Alejandro le importaba un reverendo comino la familia García.
Lucía, en cambio, se mantuvo inexpresiva. Ella ya había vivido todo esto en su vida pasada. Sabía a la perfección cómo Alejandro idolatraba a Jimena, y cómo ese amor ciego se extendía para proteger a todo el clan Jiménez.
Pero para Julio fue un golpe devastador. Cuando su hermana le había advertido que Alejandro usaría su poder para apoyar a los Jiménez y destruir a los García, creyó que estaba exagerando por celos.
Y ahora...
Sintió que el estómago se le hundía en los pies.
Los negocios de los Jiménez chocaban de frente con los de los García. Iba a tener que andar con pies de plomo.
Julio dio un último vistazo y confirmó que Alejandro no había asistido.
Sin embargo, vio a Gustavo Beltrán caminar directamente hacia ellos. —Sr. García.
Gustavo saludó a Julio con un apretón de manos y luego comentó casualmente: —Si estabas buscando a Alejandro, te aviso que está fuera de la ciudad por negocios.
—¿Y quién es ese sujeto que está siendo escoltado por Mateo Vicario? —preguntó Julio, haciéndose el desentendido.
—Víctor Jiménez —Gustavo sabía perfectamente quién era. Lo reconocía, e incluso había cruzado unas palabras con él antes de que los hermanos García llegaran—. Ya ves, aunque Alejandro esté fuera de la ciudad, se aseguró de dejarle la alfombra roja puesta al papá de Jimena.
—Esta vez, Alejandro va muy en serio... —añadió Gustavo, y al decir esto, su mirada se desvió hacia Lucía con un destello de compasión.
Pero casi de inmediato, pestañeó, desconcertado.

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