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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 201

Margarita de Jiménez también vio el video de Lucía García cayendo al agua.

Con una sonrisa cargada de sarcasmo, comentó:

—El que menos debía morir en esa familia, se nos adelantó. Y los que quedan, Julio y Lucía, no sirven para nada. Lucía solo nació para que la pisoteen. Es cuestión de tiempo para que el Consorcio García se hunda por completo.

Víctor Jiménez la miró con ambición:

—Entonces... ¿eso significa que el momento de nuestra familia ha llegado?

Doña Beatriz Jiménez, sentada en la cabecera de la mesa con aire de grandeza, asintió:

—Todo esto es mérito de nuestra Jimena. Esa niña tiene estrella, es capaz de sacar adelante a toda la familia ella sola.

Daniela sintió que el corazón le saltaba de alegría y se puso de pie de un salto:

—¡Qué maravilla! ¡Tenemos que salir a cenar a un buen restaurante para celebrar! Tía, tío, ¡vengan con nosotros!

—Vayan ustedes, inviten a su prima. Yo paso —Víctor no tenía paciencia para el bullicio de los jóvenes e hizo un gesto con la mano para declinar.

Jimena no estaba en casa; su adicción al trabajo la mantenía en la oficina.

En ese momento sonó el celular de Daniela. Pensó que era su prima, pero al contestar, nadie habló del otro lado. Colgó rápidamente sin darle importancia.

Luego llamó a Jimena, quien les dijo que se adelantaran al restaurante y que ella los alcanzaría en cuanto terminara.

Daniela se fue con sus padres, Silvia y Tomás Torres.

Al llegar, madre e hija entraron a pedir mesa, mientras Tomás iba a buscar estacionamiento.

Apenas se sentaron, Silvia se levantó para ir al tocador.

Fueron solo unos minutos de diferencia, pero fueron suficientes para que apareciera Lucía García.

No conocía la dirección de Daniela, así que había estado montando guardia fuera de la casa de los Jiménez hasta seguirlos allí. No imaginaba que tendría tanta suerte de encontrar a la chica completamente sola.

Por el rabillo del ojo, Daniela solo vio una figura gélida caminando directamente hacia su mesa.

Antes de que pudiera alzar la vista, Lucía ya la había agarrado por el cuello de la blusa y le cruzó la cara con una lluvia de bofetadas.

Jimena Jiménez le agarró la muñeca armada y, aprovechando el propio impulso de Lucía, le aplicó una llave de judo impecable y demoledora.

Un golpe seco retumbó en el suelo.

Lucía salió volando y se estrelló brutalmente contra el piso, derrapando un par de metros. El cuchillo cayó haciendo un ruido metálico. El dolor fue tan intenso que se encogió en posición fetal, incapaz de moverse.

El restaurante entero quedó en un silencio sepulcral.

Con el rostro pálido como el papel, Lucía sintió que se le partía el cuerpo. El impacto le robó hasta el aliento para gritar.

Mareada y aturdida, solo alcanzó a escuchar las carcajadas de Daniela, que se burlaba con las manos en la cintura:

—¡Mi prima no es ninguna damisela en apuros! Te lo tienes bien merecido, Lucía... Te lo buscaste por atacar primero.

Algunos clientes comenzaron a aplaudir. Después de todo, habían visto cómo Lucía entró como un huracán a golpear a la chica sin provocación previa.

Para todos estaba claro: Jimena solo había actuado en defensa propia.

Tirada en el piso, envuelta en una agonía punzante, la mente de Lucía hizo clic.

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