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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 23

Diego sabía perfectamente que desde que Alejandro había empezado a llevar a Jimena con ellos, Lucía se había distanciado del grupo.

Pero él no tenía ningún problema con ella; de hecho, sentía mucha lástima por Lucía. Una chica tan hermosa que había perseguido a Alejandro por tanto tiempo, que había hecho de todo por ganarse su corazón sin éxito, y para colmo, una supuesta amiga le había robado el protagonismo a mitad del camino.

Al escucharlo, los demás sacaron sus teléfonos para ver las noticias sobre Lucía. Lucas leyó un comentario de un tipo asqueroso que decía "con esas piernas podría jugar toda la vida" y frunció el ceño con disgusto.

Alejandro bebía en silencio. Diego le puso el celular casi en la cara: —Mira, Alejandro. Esos usuarios de internet siempre nos traen bajo la lupa buscando el mínimo error, pero hoy casi nadie la criticó.

Alejandro echó un vistazo a la pantalla que tenía enfrente.

En la foto, la chica estaba de espaldas hablando con el oficial de tránsito. Llevaba un conjunto elegante y corto que dejaba ver sus piernas esbeltas y de una tez luminosa.

Solo le bastó una mirada fugaz antes de apartar la vista con frialdad.

Sin saber cómo interpretar su actitud, Diego intentó tantear el terreno: —Oye, Alejandro, hace mucho que Lucía no viene. ¿Crees que podríamos decirle que se dé una vuelta hoy para convivir un rato?

Alejandro levantó levemente la mirada, su tono era glacial: —¿Acaso yo le he prohibido venir?

Todos se quedaron pasmados.

Lucía había regresado del extranjero hacía bastante tiempo, y desde entonces no había asistido a una sola de sus reuniones. Todos daban por hecho que era una orden de Alejandro, que él no quería que estuviera ahí.

Asumían que él quería evitar a toda costa un enfrentamiento directo entre Lucía y Jimena.

Nadie imaginó que era Lucía quien se negaba a asistir por voluntad propia.

Lucas, sentado en el sofá contiguo, también se detuvo al escuchar aquello.

—Le voy a marcar rápido —se apresuró a decir Diego. Hizo el amago de levantarse, pero luego lo pensó mejor y se quedó sentado.

No era nada del otro mundo, no tenía por qué esconderse.

Buscó el contacto de Lucía en su celular, marcó y puso el altavoz.

—Diego... —La voz cristalina de Lucía resonó en la habitación. Sonaba ligera, animada, como si los recientes problemas no hubieran hecho mella en ella.

—Lulú, hoy nos juntamos en el lugar de siempre. ¿No te animas a venir...?

Lo más importante, y que Diego añadió mentalmente, era que Jimena no estaba.

Capítulo 23 1

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