Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 24

Afortunadamente, Gustavo cambió de tema de inmediato, logrando que la atención de todos se desviara a otros asuntos.

...

A la hora de la cena en la mansión García, nadie mencionó el incidente que había ocurrido en la empresa por la mañana.

Sin embargo, el ambiente en el comedor era notablemente más silencioso de lo habitual.

Horacio estaba serio y taciturno, mientras que Lucía cenaba con la mirada fija en su plato, sin decir una sola palabra.

Después de la cena, Horacio salió.

Lucía se sorprendió bastante cuando Diego Paredes llegó a buscarla.

Se dirigió a su madre: —Mamá, Diego vino a buscarme. Voy a salir un rato.

La señora García sabía que se conocían de toda la vida, así que asintió sin problema. —Ve con cuidado.

Al salir, Lucía vio el llamativo auto deportivo de Diego estacionado afuera.

Cuando la vio, él se apoyó contra la puerta y le hizo una seña con la mano.

—¿Y ese milagro que vienes a verme hoy? —le preguntó Lucía mientras se subía al asiento del copiloto.

Diego arrancó el motor y comentó: —Lucía, ¿hace cuánto que no sales a distraerte un rato?

—Últimamente el trabajo me tiene muy ocupada.

Diego dejó escapar un suspiro.

Él sabía que eso del "trabajo" era una vil excusa. Según le había contado Lucas, su papá la había mandado a su casa y la había dejado sin puesto en la empresa.

En pocas palabras, Lucía estaba a un paso de convertirse en una desempleada con mucho tiempo libre, igual que él.

—Lucía... últimamente estás actuando muy raro.

Había cosas que Diego simplemente no lograba comprender. —Especialmente con Alejandro. Llevas años luchando por él, ¿no podrías aguantar un poco más? Alejandro tarde o temprano se tendrá que casar, los abuelos Zavala lo van a presionar. ¿No te parece un desperdicio tirar la toalla justo en la cima y dejarle el camino libre a esa tal Jimena?

—Tú mejor que nadie sabes lo mucho que sufrí persiguiéndolo en el pasado, ¿no?

Lucía apoyó el codo en la ventanilla del auto, dejando que la brisa fría le alborotara el cabello. El aire helado pareció despejarle la mente—. Por eso decidí dejarlo por la paz.

—Y además, ya se lo dejé claro a la familia Zavala: ahora el que me interesa es Camilo.

—Diego, ¿estás metido en el negocio de los autos seminuevos?

—¿Cómo diablos sabes eso? —Diego ni siquiera le había contado a su papá. ¿Cómo se había enterado Lucía?

—Si me aceptas un consejo, mejor salte de ese negocio...

—De ninguna manera. ¡Le voy a demostrar a mi abuelo que no soy menos que Lucas! Él siempre alaba a Lucas y a Alejandro como si fueran dioses, y a mí... pff... Tengo que lograr algo importante. Tengo que demostrarle que se equivocó conmigo...

Tu abuelo no se equivocó, pensó Lucía para sus adentros.

Bajó la mirada, sin atreverse a decirle la cruda verdad, y optó por una sugerencia sutil. —Si estás decidido a seguir adelante... cuando pasen las fiestas habrá una tormenta de granizo muy fuerte. No dejes tus autos a la intemperie.

—¡No manches, estás loca! ¡Si aquí de milagro llueve, menos va a caer granizo!

Lucía soltó una risita nerviosa y se aclaró la garganta. —...

No podía hacer nada más que advertirle.

Si le hacía caso o no, ya dependía de su propia suerte.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero