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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 25

Ambos conducían sin rumbo fijo, hasta que a Lucía García se le ocurrió de repente pedirle a Diego Paredes que diera una vuelta por el lado este del Lago Sereno.

La fábrica del Consorcio García estaba en esa dirección, y a las siete de la tarde seguía completamente iluminada.

—¿La fábrica de tu familia?

Diego sabía que las oficinas del Consorcio García estaban en el centro de la ciudad, pero la fábrica, que ocupaba muchas hectáreas, se ubicaba a las afueras.

Si Lucía había pedido específicamente desviarse para verla, sin duda era la de su familia.

Efectivamente, ella asintió.

—Aquí trabajan treinta mil personas.

Como se acercaba el Fin de Año, todos estaban haciendo horas extras, apresurándose para sacar el último lote de exportación antes de ir a pasar las fiestas con sus familias.

Lucía no entró. El guardia de seguridad de la fábrica vio a lo lejos que un auto se había detenido cerca, pero como no reconoció el vehículo, tampoco salió.

Lucía se quedó observando en silencio desde afuera. Podía escuchar el sonido del trabajo en el interior; el zumbido de la maquinaria le resultaba acogedor.

En su vida pasada, la empresa había despedido a los empleados, vendido la fábrica y hasta subastado la chatarra oxidada.

En aquel entonces, Julio García solo se había quedado con algunas máquinas, fantaseando con empezar de cero como lo hizo su abuelo y volver a levantarse.

Pero no hubo milagros. La buena suerte no volvió a sonreírle a la familia García...

—Son muy trabajadores... —comentó Diego soltando una bocanada de humo blanco.

Lucía asintió. En su vida pasada, nunca supo adónde fueron a parar esos treinta mil obreros.

A fin de cuentas, fue culpa del Consorcio García, que les falló.

Hicieron que ni siquiera pudieran cobrar sus últimos meses de sueldo.

Los trabajadores, creyendo que una fábrica tan grande no podía quebrar, apretaron los dientes y resistieron hasta el final. Pero el Consorcio García realmente se derrumbó; la familia García los decepcionó.

Lucía se ajustó la chaqueta para ocultar el frío que le calaba los huesos.

—Diego, yo... ¿qué debo hacer?

—No puedo convencer a mi papá.

Ella solo quería despedir a unas cuantas personas y se sentía impotente.

Al escuchar sus palabras, Diego no entendía nada. Nunca antes había visto a Lucía con una expresión tan triste y no sabía qué le pasaba. ¿Acaso el Consorcio García estaba atravesando una crisis económica? No había escuchado nada al respecto.

—Lucía, hace frío aquí... Vámonos a casa —dijo Diego encendiendo la calefacción del auto para recordarle que debían irse.

Capítulo 25 1

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