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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 247

Todos pensaban que al día siguiente los periódicos, el internet y los noticieros estarían inundados con la noticia, pero todo estaba en completo silencio.

No había absolutamente nada.

Incluso habían cerrado un par de grupos de chat.

Muy temprano en la mañana, los hermanos García se disponían a salir hacia la oficina cuando Elena los detuvo en la puerta.

—No se vayan todavía. Hoy quiero que me acompañen al hospital a visitar a Don Guillermo.

—Mamá, de verdad no tengo tiempo hoy. Tengo reuniones programadas con varios clientes —se quejó Julio, visiblemente frustrado.

Lucía, por instinto, entrelazó los dedos con fuerza, un pequeño gesto que la delataba cada vez que sentía ansiedad. En el fondo de su corazón, no quería pisar ese hospital, y mucho menos cruzarse con Alejandro.

—Mamá...

—No pongan excusas, es una cuestión de educación —insistió Elena.

En ese instante, el teléfono de Julio sonó. Contestó, intercambió un par de palabras y colgó rápidamente.

—No hace falta que vayamos. La familia Zavala no está recibiendo visitas.

Lucía sintió que el alma le volvía al cuerpo y dejó escapar un largo suspiro de alivio.

—Entonces, mamá, nos vamos a trabajar.

Si hubieran ido al hospital, ella no habría sabido con qué cara mirar a Don Guillermo postrado en esa cama.

Al mediodía.

Isabel y Diego llegaron emocionados a buscarla para almorzar.

En el restaurante, Isabel imitó el tono agudo que Daniela había usado en los videos.

—"¡Mi prima no es ninguna damisela en apuros!" Ja... Seguro ahora mismo Jimena está llorando a mares y haciéndose la víctima frente a Alejandro.

—Todo depende de si Alejandro le compra el cuento o no —comentó Diego.

—Si se lo cree, seguro moverá cielo y tierra para sacar a su suegro de la cárcel.

Isabel no estaba tan segura:

—El Ministro Ricardo Zavala no es cualquier persona. ¿Tú crees que va a permitir que su familia se emparenté con alguien manchado por la corrupción? No tienes idea de lo furioso que estaba...

—Y pensar que los reporteros estaban afuera del hotel, volviéndose locos con las cámaras. ¡Jajaja! —Isabel no podía parar de reír. ¡Qué espectáculo!

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