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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 272

Lucía se quedó pasmada tras colgar el teléfono.

No tenía idea de que Salvador tuviera un primo.

Era algo que realmente no esperaba.

En su vida pasada, solo sabía que Salvador había entrado a trabajar a Zavala Tech, que no era parte del Grupo Zavala, sino una empresa tecnológica fundada personalmente por Alejandro. Además, parecía no tener buena relación con su familia; siempre consideró la empresa como su hogar, y hasta en los días festivos se la pasaba con Pablo y Samuel Yáñez. Nunca había visto a sus familiares.

Por supuesto, en aquel entonces, Salvador y Lucía no eran cercanos.

En esta vida, ella se había lanzado al campus universitario fingiendo ser una turista desorientada y, usando el típico truco de "compañero, ayúdame con esto", se había acercado a él a propósito, dejando el orgullo de lado. Una vez que agarraron confianza, descubrió que Salvador era bastante amable.

En ese momento, Doña Rosa sirvió el desayuno de Julio en la mesa. Él se acercó a comer y, al verla distraída, preguntó:

—¿De quién era la llamada?

—De Salvador Montero.

—El ingeniero que está por entrar a la empresa.

—Tal vez, posiblemente, en el futuro... podría convertirse en tu cuñado.

Julio casi escupe el café.

Lucía estaba llena de confianza y ni siquiera levantó la vista:

—El primer día que llegue, lo voy a conquistar.

Elena de García se acercó y preguntó:

—¿Conquistar qué?

Lucía levantó la cabeza y le sonrió a su madre:

—¿Qué te parece si te consigo un yerno?

—Eso sería maravilloso —dijo Elena de García—. La casa estaría mucho más alegre.

—Mamá, no la escuches —dijo Julio, arrancando un pedazo de pan tostado—. Últimamente está loca por los hombres. Un día dice que va a traer un yerno, y al otro dice que alguien la está acosando.

Lucía resopló:

—Ya lo verás.

Julio terminó rápido porque tenía que acompañar a Cristina Quiroga a su control prenatal. Cuando Cristina bajó ya lista, Doña Rosa también había terminado de arreglarse y se subieron al auto con Julio.

—Cristina, déjame acompañarte también —ofreció Lucía.

Cristina sonrió y le dijo:

Sin embargo, nunca dejó de prestar atención a Alejandro y Jimena, y compartía con Lucía el mismo odio por Jimena. En su vida anterior, Lucas Paredes y los demás le ocultaban las cosas de Alejandro a Lucía, así que mucha de la información que obtenía era gracias a Isabel.

Por suerte, Isabel era honesta y no inventaba chismes. Pero esa misma Isabel, tan directa, rechazó a los excelentes candidatos que sus padres le habían buscado y terminó cayendo de cabeza en los brazos de un patán, arrastrando a toda la familia Luna al barro.

Media hora después, Lucía clavó una mirada gélida en Piero Hernández y fue la primera en hablar:

—Tú otra vez.

Isabel se sorprendió y la miró de reojo:

—¿Se conocen?

Lucía asintió levemente y respondió con un tono directo y apático:

—Un mesero.

El rostro de Isabel cambió de inmediato, mostrando un toque de molestia. Primero se giró hacia el hombre a su lado y le dijo dulcemente:

—Mi amor, espérame allá un momento, voy a cruzar un par de palabras con mi amiga.

Una vez que él se alejó, jaló a Lucía y le reclamó en voz baja:

—Sé que es verdad, pero frente a él, ¿no podías ser un poco más diplomática? De por sí es un hombre muy orgulloso, no soporta estas cosas.

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