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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 30

Por otro lado, Lucía continuaba trabajando.

Tras la pausa en las operaciones del Consorcio García, se había concentrado en los negocios en el extranjero.

Por suerte, Lucas no volvió a llamar y ella pudo trabajar hasta las dos de la madrugada antes de irse a dormir.

Al mediodía siguiente, justo cuando terminaba de arreglarse, recibió una llamada de Isabel Luna.

—¡Lucía...! No vas a creer a quiénes acabo de ver. Vi a Alejandro y a Jimena comprando un auto en una agencia.

Lucía escuchó la noticia sin inmutarse.

—Sí, ayer Lucas y los demás la acompañaron a elegir el modelo.

—Desde que volvió del extranjero, Jimena ha estado manejando el auto de su papá. Quién iba a pensar que para cambiarlo se apoyaría en Alejandro. ¡Dios mío! ¡Un auto deportivo de cincuenta millones de pesos y él se lo compra como si nada! —estalló Isabel indignada—. ¿Con qué derecho tiene a tantos hombres girando a su alrededor? Lucas y Gustavo la acompañan a elegir el modelo y Alejandro le paga la cuenta. Un montón de empleados de la agencia la rodearon, tomándole fotos y dándole flores. Ella seguro que no puso un solo peso, todo salió de la cartera de Alejandro... Qué descaro. Solo de verlo me hierve la sangre.

Lucía soltó una carcajada. Puso el celular en altavoz sobre el lavabo y le dijo:

—Cuando me haga rica, yo también te compraré uno.

Isabel se quedó atónita. No esperaba que Lucía, lejos de enojarse, se lo tomara con tan buen humor e incluso bromeara. Al instante, se alegró y le respondió:

—¡Trato hecho! Estaré esperando a que te hagas rica.

—¿De verdad no estás enojada?

—Si no es mi dinero, ¿por qué me iba a enojar? —respondió Lucía con tranquilidad.

Pero Isabel seguía suspirando del otro lado de la línea.

—Jimena tiene mucha suerte de haber encontrado a un hombre tan generoso.

—Ojalá que a la que hubiera salvado esa noche lanzándose al mar hubiera sido a ti.

Lucía se quedó paralizada. Tomó el celular de inmediato y le advirtió en tono gélido:

—No digas tonterías.

—Ya, ya, solo lo decía por decir. —Isabel había ido a ver autos con una compañera de la universidad y, tras desahogarse con Lucía, se despidió rápidamente.

Su amiga, que también provenía de una familia adinerada, al ver a Alejandro había tenido la intención de pedirle a Isabel que se lo presentara.

¡Alejandro era increíblemente guapo y la mujer con vestido elegante que lo acompañaba también era bellísima!

Sin embargo, la expresión de Isabel dejaba en claro que los detestaba, como si le hubieran hecho algo terrible.

Así que su amiga solo pudo lanzarles una mirada desde lejos a esa pareja que brillaba más que dos estrellas de cine y marcharse junto a Isabel.

Tras colgar, Lucía bajó al comedor.

En el fondo, no podía negar que le molestaba un poco. Al fin y al cabo, Jimena se había adjudicado un mérito que no le correspondía y ahora se enteraba de que, además, había recibido un auto de lujo sin mover un dedo.

Pero luego lo pensó mejor.

Julio no lograba estar tan tranquilo como Lucía. Una inyección de capital significaba que el Grupo Zavala se vinculaba directamente con la Empresa Jiménez.

¡De esta forma, Alejandro podría ayudar a la familia Jiménez con toda justificación!

Julio jamás imaginó que Alejandro llegaría tan lejos por Jimena.

¿Desde cuándo el joven señor Zavala era tan apasionado?

Lucía se llevó un bocado a la boca y, al levantar la vista, notó que Julio la miraba con una expresión compleja, llena de lástima y preocupación.

De inmediato, Lucía adivinó lo que estaba pasando por su cabeza.

—Si el Grupo Zavala tiene acciones, es lógico que ayude a la Empresa Jiménez. ¿Y luego? ¿Acaso es por eso que hoy no tienes apetito?

Lucía señaló con la barbilla el plato de su hermano, que seguía intacto.

En efecto, Julio no tenía hambre.

Pero tras el comentario de su hermana, bajó la cabeza y comenzó a comer.

Masticó un poco y, mientras mantenía la mirada gacha, escuchó la voz suave de Lucía sobre él:

—Hermano, no te preocupes. Ahora todo es diferente.

Julio no entendió muy bien a qué se refería con que todo era diferente, pero asintió por instinto.

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