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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 35

Cuando la cena de Fin de Año estuvo servida en la mesa, Horacio García también llegó.

En una fecha tan especial, Horacio solo quería estar con su esposa y sus hijos; por más que sus amigos le hubieran insistido en invitarlo, él siempre elegiría volver a casa.

Les entregó a todos sus regalos de fin de año, bonos en efectivo con billetes nuevecitos que le había pedido a su secretaria preparar días atrás. Hasta el chófer recibió el suyo.

En la mesa, la familia conversó sobre los momentos vividos durante el año, y las risas no cesaron.

Lucía García comía en silencio. Tenía mucho miedo de que esa cálida y bulliciosa escena familiar fuera solo un espejismo a punto de desvanecerse.

Sin darse cuenta, el tiempo había pasado volando.

Después de la cena, Lucía regresó a su habitación para descansar.

No pasó mucho tiempo antes de que Julio García entrara:

—Aún no me has dicho a dónde fuiste estos dos últimos días.

Lucía no esperaba que él siguiera insistiendo. Se quedó en silencio un momento y respondió con otra pregunta:

—Julio, si encuentro pruebas de los delitos de esa gente en la empresa, y papá sigue ablandándose el corazón, ¿los despedirías tú en su lugar?

Esta vez, Julio fue contundente:

—¿Despedirlos? Eso no es suficiente. Si realmente cometieron delitos financieros, los enviaré directo a la cárcel.

Lucía dejó escapar un suspiro de alivio.

De verdad temía que, si su padre cedía, su hermano hiciera lo mismo. Después de todo, varios de los implicados eran familiares o recomendados de la familia; el Consorcio García estaba lleno de nepotismo.

En su vida pasada, como esposa de Alejandro Zavala, había aprendido bien que Alejandro solo contrataba por capacidad. En el Grupo Zavala no había ni una sola persona que estuviera ahí por influencias.

—Aún no me has dicho a dónde fuiste —insistió él.

Lucía sacó su celular del bolso, lo desbloqueó y se lo entregó a Julio.

—Mira la galería tú mismo.

Julio tomó el teléfono. En la pantalla había fotos de registros de transferencias por sumas millonarias. Cuanto más veía, más se le helaba la sangre.

—No le digas nada a papá y a mamá por ahora. Pensaré en una forma de alejarlos un tiempo, y cuando regresemos a la oficina, los despediré a todos.

Después de un largo rato, Julio le devolvió el celular.

Capítulo 35 1

Capítulo 35 2

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