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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 37

—De acuerdo, ya entendí lo maravillosa que es tu querida Jimena. Solo espero que use sus talentos para algo productivo —Lucía frunció el ceño y cerró el libro, sin la menor intención de debatir sobre las virtudes de su rival—. Ya puedes irte.

A Paola le hervía la sangre la actitud indiferente y sarcástica de Lucía. Le lanzó una mirada cargada de odio.

Convenciéndose aún más de que esa mujer no le llegaba ni a la suela de los zapatos a Jimena.

Estaba a punto de darse la vuelta cuando Lucía la detuvo.

—Espera.

Lucía observó el rostro suave y hermoso de la chica, y en su mente se superpuso la imagen de la vida pasada: Paola con la cara destrozada, cubierta de cicatrices sangrientas.

Desvió la mirada hacia una de las amigas de Paola, una joven callada que llevaba una blusa azul, y luego le dijo a Paola:

—Tengo algo que decirte...

En su vida anterior, esta joven tan radiante había quedado desfigurada.

Una cuchilla escondida dentro de un pastel de cumpleaños le había perforado el rostro, dejándolo irreconocible.

Por más que Alejandro había contratado a los mejores cirujanos plásticos del mundo, el daño fue irreparable.

—Pero yo no quiero escucharte —la cortó Paola, asumiendo que Lucía intentaría manipularla para ponerla de su lado.

Su lealtad estaba irrevocablemente con Jimena.

—¡Vámonos! —resopló, dándose la vuelta y ordenándoles a sus seguidoras que la imitaran.

—Paola —dijo una voz. En ese instante, Camilo Zavala, con sus libros ya elegidos, se acercó a ellas.

—Camilo, ¿qué haces aquí? —Paola se mostró gratamente sorprendida. Jamás le cruzó por la mente que él pudiera venir con Lucía. Al verlo, asumió que andaba solo.

—Vine con Lucía —respondió él con naturalidad.

—¿Qué? —La mirada de Paola se clavó de nuevo en Lucía, y al verlos juntos, ató cabos al instante.

—¡Lucía García! ¿Te da igual Alejandro o Camilo? ¡Qué mujer tan ofrecida! —estalló Paola, fuera de sí—. Como no pudiste atrapar al mayor, ahora te vas tras el hermano menor. No tienes vergüenza...

—¡Paola! —el rostro de Camilo se ensombreció de inmediato.

Paola dio un pisotón de rabia.

—¡Le voy a decir a mi mamá!

Se dio la vuelta y, con sus amigas a cuestas, salió corriendo despavorida de la librería.

Camilo siempre se había llevado bien con su prima; como Paola le tenía pánico a Alejandro desde niña, siempre se la pasaba detrás de él, y su relación era bastante cercana. Sin embargo, no esperaba que se portara de una manera tan grosera con Lucía.

—Perdónala, Lucía.

Se dirigieron juntos a la caja. Mientras pagaba, Camilo preguntó:

—Oye, ¿vas a ir a visitar a mi abuelo por estas fechas de fin de año?

Por lo general, Lucía iba cada año.

Pero esta vez, sus planes de visitar a Don Guillermo Zavala tendrían que esperar.

Al pensar en aquel venerable anciano que siempre había anhelado verla casada con Alejandro, Lucía guardó silencio unos segundos antes de negar lentamente con la cabeza.

—Probablemente no. Tengo algunas cosas pendientes que resolver.

—Entiendo —Camilo miró el cielo a través del ventanal. Se sentía un poco inquieto de que Paola anduviera por la calle con sus amigas en fechas tan festivas, así que sacó su celular—. Voy a hacer una llamada.

Lucía asintió levemente.

Camilo se apartó un poco y marcó el número de su prima para ordenarle que se quedara donde estaba.

—Deja de andar vagando por ahí. Voy a pasar por ti para llevarte a la casa del abuelo. Sabes que hoy tenemos que cenar todos juntos.

Paola, que en el fondo adoraba a su abuelo, aceptó de inmediato. Aun así, no perdió la oportunidad de lanzarle un último dardo mordaz:

—¡Pensé que como ya tenías novia te habías olvidado de mí!

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