Camilo colgó la llamada, divertido, y se volvió hacia Lucía.
—Vámonos.
—Ve a buscar a Paola, yo puedo pedir un taxi —sugirió Lucía, consciente de que la chica no querría verla ni en pintura.
—Con las fiestas es casi imposible conseguir un taxi. Además, me queda de paso...
—Está bien.
Camilo condujo hasta donde estaba Paola.
Sus dos amigas ya se habían esfumado.
La chica subió al asiento trasero y clavó la vista en su teléfono, ignorando a Lucía como si fuera invisible.
Lucía, sentada en el asiento del copiloto, se giró hacia atrás.
—Paola, ¿me pasas tu número para agregarte?
Paola siguió tecleando frenéticamente, fingiendo estar sorda.
Camilo, sin quitar los ojos de la calle, intervino:
—Te lo paso yo más tarde.
—Gracias —sonrió Lucía, sin tomarse el desplante como algo personal.
Después de dejar a Lucía en su casa, Camilo arrancó de nuevo.
Durante el trayecto, no dudó en advertir a su prima:
—Ni se te ocurra ir con chismes al abuelo.
—¿Por qué no? ¿Acaso es mentira que andas con una mujer mayor que tú? ¡Y para colmo, es la ex de tu hermano!
—Si abres la boca, el abuelo se enterará de la existencia de Jimena.
Ante la perspectiva de arruinar el incipiente romance entre su idolatrada Jimena y su primo Alejandro, Paola aceptó guardar silencio, aunque refunfuñando.
...
Esa misma noche, Lucía estaba en el despacho de su padre.
Elena subió trayendo un postre festivo.
—Ven, hija, cómete un poco. Que este nuevo año nos mantenga siempre unidos.
El corazón de Lucía se enterneció. Abrazó a su madre con cariño.
—¿Solo un par de bocados, sí? Ya comí muchísimo hoy y no creo que me quepa más...
—Está bien, solo prueba un poco y yo me termino el resto.
Lucía saboreó el postre. Al ver a sus padres juntos y relajados, dejó el tazón y aprovechó el momento:
—Papá, mamá, ya que estamos de descanso por las fiestas, ¿por qué no se van de viaje a Kuala Lumpur? La otra vez mencionaste que te gustaría visitar la ciudad donde el abuelo construyó sus primeros negocios.
Con la única condición de que ella los acompañara primero a visitar al patriarca de los Zavala.
...
Por el bien de sus padres.
Lucía accedió a asistir a la visita de cortesía.
Su destino era la inmensa mansión de la familia Zavala.
Fueron en dos vehículos. Horacio y Elena compartían uno, mientras que Lucía viajaba junto a Julio.
De niño, Julio visitaba esa casa con frecuencia. Él y Alejandro eran de la misma edad, y en un principio, su amistad había sido genuina. Junto con Gustavo Beltrán, formaban un trío inseparable durante la preparatoria. ¿En qué momento se había roto esa camaradería?
Seguramente fue cuando Alejandro entró a la universidad. Las dos familias empezaron a considerar que era el momento oportuno para hablar abiertamente sobre el compromiso matrimonial, y, con cada mención, Alejandro se volvía más distante.
Ahora que Julio lo analizaba en frío, era evidente que esa presión le había generado un profundo rechazo.
Para poner distancia entre él y Lucía, el mismo año en que ella fue aceptada radiante de alegría en su misma universidad...
Alejandro decidió repentinamente irse a estudiar al extranjero.
A su regreso, el lazo que lo unía a Julio se enfrió para siempre.
Desde entonces, Alejandro solo se dejaba ver con Gustavo Beltrán y Lucas Paredes.
En el fondo, Julio siempre debió haber sabido que Alejandro jamás sintió nada por su hermanita.

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