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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 414

Aquellas palabras cayeron como un rayo, haciendo que Lucía temblara de pánico. El teléfono se le resbaló de las manos y habría chocado contra el suelo si Noel no hubiera sido lo suficientemente rápida para atraparlo.

A unos cincuenta metros de distancia, Alejandro la observaba desde la ventanilla medio bajada de su auto. Sus ojos oscuros eran insondables, y en su rostro de facciones severas se asomaba una actitud aparentemente despreocupada, como si fuera el amo del juego observándolo todo desde arriba.

Como era un vehículo desconocido, al pasar cerca pensó que era simplemente el auto de un vecino estacionado temporalmente. Jamás imaginó que Alejandro estaría sentado dentro.

—Srta. Lucía, es mejor que vaya —le dijo Noel, empujándola suavemente por la espalda.

Las lágrimas comenzaron a brotar sin previo aviso, deslizándose por las mejillas de Lucía.

Al verla así, Noel trató de consolarla:

—No se ponga nerviosa, desde esta distancia él no pudo escuchar nada. Solo hable con él con calma.

Aún podía arreglarlo con palabras.

Sin embargo, a medida que se acercaban al auto, Noel guardó silencio, sin atreverse a decir más.

Le abrió la puerta trasera a Lucía para que subiera, y ella misma tomó el asiento del copiloto.

Mateo encendió el motor desde el asiento del conductor, pensando en lo imprudente que era la Srta. Lucía. Con la situación en la que estaba con Alejandro, todavía se atrevía a coquetear con otros hombres.

Alejandro presionó un botón para subir el panel divisorio del auto y le ofreció un pañuelo a Lucía.

—¿Por qué estás llorando?

Lucía tomó el pañuelo en silencio y se secó las lágrimas.

—¿Te duele tanto no poder estar con él?

Alejandro continuó con sarcasmo:

—Veo que me estabas esperando con muchas ansias. Si tardaba un poco más en regresar, me habrías puesto los cuernos en mi propia cara.

Lucía bajó la mirada hacia sus manos y negó con la cabeza.

—Yo solo lo veo como un amigo.

—¿Ah, sí? —soltó él con ligereza—. Yo juraría que estabas a punto de echarte en sus brazos.

Lucía murmuró en voz baja frases como "cómo crees" y "eres demasiado paranoico".

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