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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 416

—Srta. Lucía, he trabajado para el jefe por muchos años. Que le siga la corriente no significa que le crea; tal vez, para él, un buen rato en la cama sea mucho más provechoso que perder el tiempo discutiendo con usted.

El corazón de Lucía era un nudo de nervios. Bajó ligeramente la cabeza, permitiendo que su cabello cayera por sus mejillas.

—Entonces dices que él solo está conmigo para acostarse...

—No quise decir eso. Solo trato de explicarle que quizá el jefe aún sienta algo de culpa por haberla forzado y por el grave accidente que sufrió, pero, por favor, no siga tensando la cuerda...

—Yo sí escuché todo lo que habló con Salvador Montero, aunque el jefe no lo hiciera. Si él se enterara, no la perdonaría tan...

Noel intentaba continuar, pero Lucía, con el rostro pálido como el papel, comenzó a empujarla hacia la salida.

—¡Vete... vete de aquí! Si no quieres ayudarme, mejor no digas nada más.

Sin poder consolarla, Noel se marchó. Lucía se dejó caer al suelo, abrazándose las rodillas con los ojos enrojecidos.

Su rostro aún estaba desprovisto de color.

Antes de alejarse por completo, Noel se giró y volvió a acercarse.

—Srta. Lucía, al final las aguas vuelven a su cauce. En realidad, no le iría tan mal si se queda al lado del jefe.

—Me iría pésimo, no podría haber nada peor que eso —replicó Lucía.

Ya había pasado por eso una vez.

Como si hubiera recordado algo, su mirada se tornó gélida nuevamente.

—Tú eres su empleada después de todo. Haz lo que quieras, ¡si me muero no será tu problema! ¡Vete ya!

...

Por otra parte, eran las diez de la mañana y Alejandro aún no había llegado a la oficina, por lo que la reunión programada no podía comenzar.

Cuando por fin se presentó, se dirigió primero a la junta y, al regresar a su despacho, dio una orden:

—Quiero que me consigan los estados financieros, los activos y las deudas de la empresa de Jimena.

Al poco rato, un asistente le entregó los documentos. Alejandro los revisó en silencio y luego sentenció:

—Quiero que esa compañía quiebre en menos de dos semanas.

Mateo y el otro asistente se quedaron perplejos por un momento.

Alejandro levantó la vista.

—¿Hay algún problema?

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