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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 418

La expresión de Lucía se congeló de inmediato, y bajó la mirada. Alejandro le acarició la espalda con lentitud y añadió:

—Mañana trae tu documento de identidad. Iremos al registro civil para casarnos.

Lucía sintió que la sangre se le helaba. Supo que ella misma se había metido en la boca del lobo. Tratando de calmarse, desvió el tema:

—Tú y Jimena tienen estudios superiores, es algo que siempre he envidiado.

Su voz adquirió un tono de nostalgia:

—Dejé de estudiar a los veinte años y siempre he sentido ese vacío. Me gustaría irme al extranjero para continuar con mis estudios.

Alejandro enarcó una ceja.

—Dime qué carrera quieres, por cuántos años te vas, acepta llevar escoltas contigo y, por supuesto, antes de subirte al avión nos casamos. Si aceptas todo eso, entonces lo podemos considerar.

Lucía moría de ganas de soltarle una bofetada. ¿Por qué demonios tenía que pedirle permiso para manejar su propia vida? ¡Ni que fuera su papá!

Reprimiendo su furia, contestó:

—No me voy a casar contigo. Mi mamá todavía no te acepta, y tu familia jamás me aprobaría.

Alejandro bajó la mirada hacia el vientre de ella.

—Cuando tengas una panza enorme, tendrán que aceptarte, les guste o no.

Al darse cuenta de sus verdaderas intenciones, Lucía no pudo soportarlo más y se puso de pie de un salto.

Sin embargo, el hombre la jaló con fuerza, obligándola a sentarse de nuevo.

...

En ese preciso instante, Maribel Quintana apareció en la pantalla del televisor. Llevaba un vestido de época hecho de una tela tan fina y etérea que abrazaba sus curvas a la perfección; lucía realmente hermosa en ese estilo clásico.

—Es muy guapa, ¿verdad? ¿No te gusta?

A Alejandro la pregunta le pareció absurda.

—Si me gustara ella, ¿crees que estaría aquí contigo?

—Quién sabe, tal vez si le dieras algún estimulante, sentirías algo por ella —insistió Lucía.

Alejandro desvió lentamente la mirada de la televisión y la clavó directamente en los ojos de ella.

Lucía sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda y forzó una sonrisa nerviosa:

—Olvídalo, no dije nada.

Él la levantó con facilidad y la hizo sentarse a horcajadas sobre sus caderas.

—Ya no diré nada más... —suplicó ella tímidamente.

Pero él simplemente le sujetó la nuca y la presionó con fuerza contra su cuerpo.

...

Al día siguiente, en la mansión Zavala.

Alejandro regresó para compartir una comida con su familia. Antes de llegar a la residencia, Mateo había llevado a Ivana Solís ante él.

Alejandro observó las manos de la chica y preguntó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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