Aprovechando que Alejandro y los otros discutían de negocios a un lado, Daniela jaló a Jimena por el brazo y susurró:
—Prima, ¿qué pasó con esa Lucía de la que me contaste? ¿Ya la desterraron del grupo?
Jimena sonrió con altivez.
—Hace mucho que la sacaron de la ecuación. Alejandro dice que es una mujer insípida y aburrida.
Daniela soltó una risita complacida.
—Bueno, evidentemente a él le pareces muchísimo más fascinante.
Jimena apretó los labios para contener una sonrisa de triunfo, validando el comentario en silencio.
...
Al caer la noche, Javier y Daniela regresaron a casa. Apenas cruzaron el umbral, se desplomaron en los sillones de la sala, exhaustos, como si acabaran de correr un maratón.
Margarita y Tomás se agruparon de inmediato alrededor de ellos.
—¿Por qué están tan cansados? —indagó Tomás antes de ir al grano—. ¿Qué tal es el futuro novio de su hermana?
Javier se frotó las sienes con frustración.
—El aura de Alejandro... es asfixiante. Impone demasiada presión.
Daniela asintió vigorosamente.
—Estar cerca de un hombre con tanto poder te paraliza. Yo ni siquiera me atrevía a mirarlo a los ojos.
Margarita soltó una carcajada de puro orgullo.
—Bueno, por algo su hermana es tan extraordinaria; es la única capaz de estar a su altura.
—Y ni hablemos de sus amigos, todos son monstruos en sus propios campos. Aunque, por supuesto, mi cuñado los supera a todos —Javier ya había adoptado el título familiar con total naturalidad.
Silvia de Torres, la tía política de Jimena, intervino con envidia:
—Margarita, qué afortunada eres de tener una hija así. Cuando se case con el heredero de los Zavala, esas familias de la alta sociedad que siempre te han hecho el feo terminarán arrastrándose para suplicarte favores.
Margarita esbozó una sonrisa de satisfacción absoluta.
Los pocos parientes que aún quedaban en la casa captaron la indirecta. Decidieron redoblar sus halagos hacia Víctor, deshaciéndose en elogios hacia Jimena. Ella siempre fue el ejemplo de la hija perfecta. Ahora, al estar al borde de concretar un enlace matrimonial con la cúspide del poder de Puerto Coral, la familia Jiménez pasaría a jugar en las ligas mayores.
Víctor y Margarita irradiaban vanidad por cada poro. No había duda: estas eran las mejores fiestas familiares de su vida.
Entrada la noche, solo los Torres, por ser los familiares más allegados, permanecían en la residencia.
Daniela se acercó melosa a su prima:
—Jimena, ¿no me podrías presentar a algún amigo de tu novio?

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