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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 468

De pronto, el tono de Alejandro se volvió gélido: —Si quieres quedarte soltera toda tu vida, adelante. Pero si alguna vez descubro que rompes tu promesa, que te andas exhibiendo con otros hombres... o peor, que terminas casándote... no tendré más remedio que secuestrarte y convertirte en mi amante en las sombras.

Un escalofrío recorrió la espalda de Lucía, pero no dijo una sola palabra en su contra. Con su silencio, aceptaba el pacto.

Alejandro no esperaba que ella aceptara términos tan extremos. Mirándola fijamente, dejó escapar una risa seca y cargada de ironía: —Ja. Puerto Coral está a punto de ganar a una solterona empedernida. Vas a tener que vivir con tus sobrinos para que ellos te mantengan en tu vejez.

¿Acaso no estaba pensando demasiado a futuro?

—A mí me gusta esa vida... —murmuró ella en voz baja.

Lograr escapar de sus garras ya era un milagro, no iba a provocarlo más. —Puedes estar tranquilo, jamás me casaré.

Al escucharla, Alejandro se levantó sin la más mínima expresión en el rostro. Fue hasta un gabinete y sacó la corona. Durante su viaje, había localizado a un maestro restaurador de altísimo nivel y le encargó el trabajo.

—El maestro la ha reparado por completo. Ahora está como nueva.

Lucía la recibió con ambas manos. Volver a ver la corona la llenó de emociones encontradas, pero en el fondo, una sonrisa amarga cruzó su mente: cuando algo se rompe, por más que se intente arreglar, jamás vuelve a ser verdaderamente igual.

—Ya puedes irte.

Y justo antes de que ella diera media vuelta, Alejandro añadió: —Llévate también las cosas del librero.

¿Qué cosas suyas podría haber en ese librero?

Llena de dudas, Lucía se acercó y encontró su pequeño diente guardado, justo al lado de un proyectil que le pertenecía a él. Y a un lado de la bala, reposaba una escopeta de doble cañón.

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