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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 535

Alejandro Zavala seguía sin devolverle el celular a Lucía. Esa noche, al salir de la ducha, desbloqueó la pantalla sin dificultad y entró al menú principal.

Primero abrió la galería y pasó las fotos una a una. Había muchas fotos de paisajes de distintos lugares, pero la mayoría eran fotos cotidianas de los mellizos. Ver las sonrisas tiernas y dulces de Lucía junto a los bebés le removió algo en su interior.

Hacía muchos años que ella no le sonreía así.

Reprimió esa punzada de amargura en el pecho, cerró la galería y abrió los mensajes. Había una solicitud de amistad pendiente. El mismo perfil había enviado varias solicitudes seguidas; por la insistencia, Alejandro sospechó que se trataba de algún pretendiente.

La frialdad se apoderó de los ojos de Alejandro y, sin dudarlo, aceptó la solicitud.

Los mensajes empezaron a llover al instante:

[¡Querida, al fin me agregaste! ¡Qué felicidad!]

[En las redes sociales todos hablan de ello, dicen que Alejandro te tuvo encerrada un mes en la montaña. ¿Me cuentas qué pasó?]

[Alejandro es tan guapo, seguro terminaste enamorada, querida.]

Se detuvo un momento, algo desconfiado, y tecleó una respuesta breve: [Sí].

Eso pareció abrir la caja de Pandora.

Al otro lado, Moni se emocionó tanto que mandó varios mensajes seguidos, llenos de entusiasmo desbordante:

[¡Dios mío! ¡Es mutuo! ¡Mi pareja favorita es real!]

[O sea que, después de pasar todo ese mes juntos en la montaña, el amor surgió, ¿verdad?]

[¡Querida, cuéntame todos los detalles!]

Alejandro por fin entendía por qué Lucía no la había aceptado. Justo cuando iba a eliminarla, recibió una imagen.

Era una foto antigua de sus tiempos de secundaria, junto a una Lucía que recién entraba a la misma escuela. En la imagen, él vestía su uniforme escolar, y a su lado estaba la delgada figura de Lucía. La adolescente lo miraba con sus grandes ojos risueños, de rostro tierno, inocente y tímida, dejando ver claramente el amor que sentía de joven.

Alejandro tocó suavemente el rostro de ella en la pantalla, y su semblante frío se relajó sin darse cuenta.

En aquel entonces, ella solía sonreírle así, pero él siempre lo ignoró.

Un profundo remordimiento se extendió en su pecho, dificultándole la respiración.

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