[Como el padre del bebé está a punto de casarse, seguro ella no quiere tener a un hijo fuera del matrimonio. ¡No me digas que fue a tu hospital a hacerse un aborto!]
[¡Carolina, por lo que más quieras, no le hagas esa cirugía! Si lo haces, ese hombre va a destruir tu clínica. Te juro que él la ama con locura.]
[¡Espérame, no hagas nada, voy para allá!]
La Dra. Carolina, firme en no violar la privacidad de su paciente, fingió no haber leído los mensajes y dejó el teléfono en el casillero.
¿Amor?
Ella no creía en eso.
En todos sus años de carrera, había visto demasiados enredos amorosos. Cuántos hombres juraban amor eterno y, a la hora de la verdad, dejaban que la mujer llegara sola al hospital a sufrir todas las consecuencias. Por más romántica que fuera la historia, al final siempre era la mujer quien pagaba el precio y ponía el cuerpo.
Además, tenía muy claros sus principios médicos: a menos que la paciente misma decidiera cancelar la intervención, ella jamás usurparía su derecho a decidir sobre su propio cuerpo.
Sin pensarlo más, la Dra. Carolina entró al quirófano.
Mientras tanto, Mónica Luna conducía a toda velocidad. Intentó llamar a Alejandro Zavala, pero él no contestaba.
Desesperada, llamó a su prima, Isabel Luna, para conseguir el número de Diego Paredes. Aprovechando la luz roja de un semáforo, logró que Diego le pasara el contacto del asistente de Alejandro.
Cuando Mateo Vicario contestó y escuchó el rumor de que Lucía García supuestamente estaba a punto de someterse a un aborto, no perdió la compostura y respondió con frialdad:
—¿Qué quiere decir con "supuestamente"? ¿Tiene alguna prueba contundente de esto?
—Si no tiene pruebas, le exijo que deje de esparcir chismes sin fundamento.
—El Sr. Zavala se encuentra en un evento público de suma importancia, rodeado de medios de comunicación. No está disponible para ser interrumpido por asuntos personales.
Y dicho eso, cortó la llamada.
Mónica golpeó el claxon del auto y soltó una maldición. En un segundo, todo el fanatismo que sentía por él se convirtió en odio puro. "Alejandro Zavala, vas a pagar por esto. Me voy a encargar de que nunca más vuelvas a encontrar a Lulú".
Noel, quien estaba parada justo al lado de Mateo Vicario, había escuchado accidentalmente la conversación. Todo su cuerpo se tensó como la cuerda de un arco.

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