Mientras iba en camino al hospital, Lucía García ya había agendado su cita en ginecología a través de su celular.
Guiada por una recepcionista, escaneó un código en la máquina automática y obtuvo su comprobante. Apretando aquel delgado trozo de papel entre sus dedos, caminó con pasos débiles e inestables hacia el consultorio.
La enfermera le preguntó el motivo de su visita.
Lucía respondió con la verdad.
En el consultorio estaban la médica titular y su asistente. La enfermera les informó el motivo por el cual la paciente estaba allí.
La Dra. Carolina levantó la vista y le preguntó con un tono clínico y neutro:
—¿Cuánto tiempo tienes de retraso?
—Aproximadamente un mes y medio. —Lucía encogió los dedos, manteniendo la mirada clavada en el suelo, sin atreverse a ver a nadie a los ojos.
—¿Cómo supiste que estabas embarazada?
—No estoy segura.
La Dra. Carolina frunció el ceño, dejando asomar un leve destello de confusión:
—¿Ni siquiera estás segura de estar embarazada y vienes directamente con la intención de abortar?
Lucía hundió aún más la cabeza. Su voz era tan frágil que parecía a punto de desvanecerse en el aire:
—No me ha bajado el periodo. Vine a revisarme, y si de verdad estoy embarazada... lo voy a interrumpir.
Al escuchar esa voz suave y melodiosa, la doctora observó detenidamente a la mujer. Incluso con el cubrebocas puesto, era evidente que se trataba de alguien excepcionalmente hermosa. La doctora no pudo evitar soltar un suspiro mental: ¿cómo podía tomar a la ligera una vida humana?
Revisó el nombre en la pantalla de su computadora. Por alguna razón, el nombre "Lucía García" le sonaba familiar, como si lo hubiera escuchado en otro lado.
Al detallar la ropa de diseñador de la paciente y notar en su pálida y delgada muñeca una esmeralda de corte impecable, una joya tan rara que pocos tendrían la suerte de ver en su vida, a la doctora se le encogió el corazón.
—Un retraso no siempre significa embarazo; podría ser un desequilibrio hormonal. Primero vamos a hacerte un ultrasonido —indicó la doctora, pidiéndole a su asistente que acompañara a la paciente.
Una vez que salieron, la Dra. Carolina llamó por teléfono a Mónica Luna.
—Oye, ¿cómo se llamaba esa pareja famosa con la que estabas obsesionada en tus redes?
—¡Ah, la pareja perfecta, Ale y Lulú! Son Alejandro y Lucía. Aunque, la verdad, siento que su romance ya está más muerto que vivo. Aquella vez que Alejandro Zavala me quitó la cámara, parecía tan afectado, pero resulta que ahora se va a casar con otra. Te lo juro, no entiendo qué tiene en la cabeza ese idiota, y encima es imposible contactarlo...
La Dra. Carolina la interrumpió:
—¿Cuál es el nombre completo de ella?
—Lucía García. ¿Por qué? ¿Tú también te volviste fan? ¿No se supone que estás trabajando?

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