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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 582

Alejandro golpeó suavemente el volante con los nudillos.

—Ya que apareció, entremos.

El rostro de Lucía se ensombreció; ya no estaba para juegos.

—En nuestra vida pasada me fuiste infiel y hasta dijiste que el hijo que esperaba era de otro.

—Ese disparo de ayer dejó todo eso en el pasado —respondió Alejandro.

—Entonces, devuélveme el arma. Ayer no te disparé solo porque no sabía cómo manejar el yate para volver.

Él esbozó una sonrisa.

—Lo de ayer quedó en el pasado.

Abrió la puerta y bajó. Rodeó el auto hasta el lado de Lucía y le abrió la puerta. Esta vez, su sonrisa había desaparecido y su tono no admitía réplicas:

—Baja.

Lucía, prácticamente arrastrada fuera del auto, caminó a trompicones tras él.

—Si no me amas, ¿por qué quieres casarte conmigo?

—Yo te amo —afirmó él.

Ella soltó una carcajada fría:

—Apuesto a que alguien como tú ni siquiera sabe lo que significa el amor.

Alejandro se detuvo un momento y volteó a mirarla:

—A ti te gustan los hombres que sean como una figura paterna. Si no me das la oportunidad de convivir y tratarte más, ¿cómo sabes que no puedo convertirme en el hombre que buscas?

Lucía se quedó perpleja ante sus palabras y, antes de poder reaccionar o replicar, él volvió a tirar de ella hacia la sala de matrimonios.

Sujetándola por la muñeca, Alejandro la llevó hasta los mostradores y entregó ambos documentos. Mientras el personal verificaba los datos, Lucía mantuvo la mirada baja, sin pronunciar palabra, dejando que él se encargara de todos los trámites.

A la hora de la fotografía, Lucía recordó que en su vida pasada había sido él quien posó con rostro gélido. Esta vez, era el turno de ella de poner cara de piedra.

Ya estaba cansada.

De todos modos, se terminarían divorciando, así que daba igual.

Al menos Béisbol no sería un hijo ilegítimo.

—Acérquense un poco más y sonrían —pidió el fotógrafo.

Alejandro aprovechó para pasarle un brazo por la cintura y acercarla hacia él. Incapaz de resistirse, Lucía solo ladeó un poco el cuerpo, rozando su hombro contra el de él de mala gana, y miró a la cámara.

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