Alejandro levantó la vista, colgó el teléfono y, con una mirada impasible, dijo:
—Mamá, he quedado estéril.
Leonor se quedó paralizada, clavada en su sitio. Tardó varios segundos en reaccionar, como si no hubiera entendido las palabras:
—¿Qué dijiste? Repítelo.
—No pensaba decirlo, pero ya no tiene caso ocultarlo. Las revisiones posteriores al accidente de motocicleta confirmaron azoospermia obstructiva con necrosis irreversible de las células germinales. La conclusión de los médicos es que perdí la capacidad de tener hijos de forma permanente.
Por instinto, Leonor dio un paso al frente y lo tomó del brazo:
—¿Qué estás diciendo? ¿O sea que el accidente de moto, además de borrarte la memoria, te dejó sin poder tener hijos?
Alejandro dudó un momento, pero terminó asintiendo.
Leonor sintió un estallido en su cabeza; aquello fue como un relámpago en pleno cielo despejado. La visión se le nubló y un mareo la invadió.
—No puedes tener hijos... no puedes...
Pálida como el papel, soltó de repente:
—¿Acaso el linaje de los Zavala terminará contigo?
Pero al instante, se aferró de nuevo a la esperanza con ojos desesperados:
—¡No, claro que no! ¡Debe haber una oportunidad! ¡Viajaremos de inmediato a los Estados Unidos a consultar a los mejores especialistas! ¡Con la fortuna de los Zavala, a cualquier costo, encontraremos una cura!
Alejandro murmuró con calma:
—Mm.
Al ver que su hijo estaba dispuesto a colaborar con el tratamiento, Leonor se quedó perpleja. De pronto, la nariz le picó y las lágrimas empezaron a caer. Su hijo, siempre tan perfecto y sobresaliente, y ahora... Sin embargo, mientras más lo pensaba, algo no cuadraba. Incrédula, le preguntó:
—Entonces... ¿por qué estabas tan contento hace un momento? Te reías como si hubieras ganado la lotería. ¿Te alegras de ser estéril?
Con expresión serena, Alejandro confesó:
—Sí, me alegra mucho, porque ya tengo un hijo.
Leonor ahogó un grito:
—¿Qué dices?

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