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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 588

Jimena, con el rostro pálido y una expresión de profundo dolor, preguntó:

—P-pero... ¿por qué?

—Es decisión de Alejandro, no logré convencerlo —Leonor la miró con serenidad—. En el fondo, ya sabías que esto pasaría, ¿o me equivoco?

Aferrándose a su última esperanza, Jimena insistió:

—¿Qué pasará con la boda del domingo? Si no hay novia, ¿cómo va a dar la cara la familia Zavala...?

—Alguien más tomará tu lugar, obviamente.

Sin decir más, Leonor dio media vuelta y se marchó.

Jimena sintió que se congelaba por dentro; sabía que se trataba de esa maldita de Lucía.

La mirada de Margarita se posó en el cheque, calculando rápidamente. Con voz dulce, intentó consolar a su hija, que parecía estar perdiendo la razón:

—Con estos diez millones podremos mudarnos a una casa grande y segura en las afueras. Por fin tendremos un lugar donde establecernos, y ya no tendremos que preocuparnos por los gastos escolares de tu hermano.

El corazón de Jimena se llenó de amargura: ¿Hasta su propia familia estaba dispuesta a abandonarla?

—Yo de verdad quiero a Alejandro. Lo amo... lo amo en serio. ¿Por qué nadie me cree?

Margarita abrazó con fuerza a su hija, que se deshacía en lágrimas.

—Sé cuánto lo amas, hija, pero él a ti no.

—Además, no puedes concebir. Aunque Lucía no se hubiera entrometido, jamás te habrían aceptado en la familia Zavala. Hasta ahora solo hemos podido ocultarlo, pero si llegabas a casarte, tarde o temprano se darían cuenta y la única humillada serías tú.

Con el rostro hundido en el hombro de su madre, Jimena lloraba desconsolada:

—¡La odio, la odio...! ¿Por qué hasta Doña Leonor está de su lado?

—Me imagino que debe estar embarazada. De no ser así, Doña Leonor jamás habría cambiado de actitud tan rápido. En fin, el destino es así... —suspiró Margarita.

Al oír eso, Jimena sintió que le caía un balde de agua helada; se quedó rígida, mientras sus manos no dejaban de temblar, heladas.

—Hazle caso a mamá —continuó Margarita—, no vuelvas a causarle problemas a Lucía. Si lo haces, no solo nos quitarán esos diez millones de pesos, nos irá mucho peor. Tenemos toda la vida por delante.

Por otro lado, Lucía durmió hasta muy tarde ese día, completamente ajena a la visita de Doña Leonor.

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