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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 618

Durante los días siguientes, Alejandro no pudo cenar en la casa debido a sus compromisos laborales, aunque siempre regresaba a dormir. Si llegaba muy tarde, Doña Juana, los guardaespaldas o Leo se quedaban despiertos para abrirle la puerta.

Esa tarde, para sorpresa de todos, terminó temprano y llegó a la habitación antes de que oscureciera por completo.

Lucía lo miró sorprendida y le preguntó en voz baja: —¿Ya cenaste?

—Comí algo rápido en una reunión —respondió él, acercándose para sentarse a su lado y abrazarla—. Te veo muy contenta viviendo con tu familia, ¿verdad?

—Mhm —Lucía rodeó su cuello con los brazos y le sonrió, con los ojos brillando de felicidad.

Sobre la mesa, el cajón estaba semiabierto, mostrando una impresionante colección de pinzas y accesorios para el cabello.

Alejandro notó que ella llevaba una de esas elegantes horquillas de cristal en su espeso cabello, un claro reflejo de su buen humor.

—¿Tu cita médica no era mañana? —preguntó él.

Lucía negó con la cabeza, sin poder ocultar un brillo de triunfo en su mirada. —Te engañé. Fui sola a ver a la Dra. Carolina hoy y todos los resultados salieron perfectos.

Mientras hablaba, sacó un sobre de su pequeño bolso y lo abrió con cuidado para mostrarle el reporte de una ecografía 4D. —Mira, esta es la primera foto de Béisbol.

En la imagen, los rasgos del pequeño feto ya se distinguían con claridad.

Alejandro sostuvo aquel pedazo de papel y sintió cómo una inmensa ola de ternura le inundaba el pecho.

Sin poder contenerse, se inclinó, atrayéndola hacia sí, y besó sus labios con suavidad. Su lengua se abrió paso lentamente, enredándose con la de ella en un beso profundo y apasionado.

Lucía sintió que el corazón le latía a mil por hora.

Alejandro la levantó en brazos y la depositó con cuidado sobre la cama. Al mirar las sábanas, notó que ese día habían puesto unas de color lila.

Lucía tuvo que golpear ligeramente sus hombros con las manos y hacer un gran esfuerzo para separarse un poco de él.

Con la respiración agitada y un tono ronco, Alejandro le robó otro beso rápido y susurró: —Quién iba a decir que algún día terminaría durmiendo contigo en tus famosas sábanas color lila.

Lucía parpadeó, completamente confundida por su comentario, sin entender el trasfondo de sus palabras.

Él le acarició la mejilla con el dorso de la mano y, con un tono seductor, añadió: —Cumplí mi promesa y resolví el asunto de la familia Vega de forma pacífica, ¿no merezco una recompensa mayor?

Lucía apretó los labios, ahora sonrojados, y replicó en voz baja: —Ya te di tu premio.

—De acuerdo —Alejandro soltó una carcajada ronca, se levantó, tomó una toalla y entró al baño.

Los días pasaron rápidamente. Ricardo y Leonor Zavala visitaron la casa en varias ocasiones, y nunca llegaban con las manos vacías. Traían bolsas repletas de vitaminas, suplementos nutricionales y caldos especiales para el embarazo, que terminaron llenando la mitad de la despensa. Al ver la dedicación con la que trataban a su hija, la actitud de Doña Elena hacia Alejandro se fue suavizando.

A veces, cuando Alejandro llegaba tarde, Doña Elena incluso se tomaba la molestia de prepararle un té especial para ayudarlo a descansar después del trabajo.

Capítulo 618 1

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