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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 668

El elegante auto cortaba con suavidad la oscura y pesada noche. Dentro, reinaba el silencio, interrumpido únicamente por el murmullo grave del motor. Una atmósfera densa y solemne envolvía a ambos pasajeros durante todo el trayecto.

El nudo en el pecho de Lucía aún no se deshacía. Presionó el botón de la ventana, bajándola apenas una rendija para dejar que la brisa fría de la noche entrara, alborotando los mechones de cabello que caían sobre sus orejas.

Alejandro se giró, con la mirada profunda fija en su perfil que denotaba cansancio. Levantó la mano y acarició con ternura la parte superior de su cabeza, hablando en un tono bajo y pausado: —Mi mujer es irresistible.

Lucía, con el zumbido del viento en los oídos, no lo escuchó con claridad. Solo giró un poco el rostro, con una mirada confusa y algo ausente.

El auto entró a la Finca de La Luz. Los empleados se adelantaron para recibir sus abrigos, y Alejandro pasó un brazo por la cintura de Lucía al entrar a la casa.

Apenas llegó, Lucía subió directamente a la habitación del bebé.

Béisbol ya había comido y dormía plácidamente en su cuna exclusiva, con sus pequeños puños apoyados en las mejillas y su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración profunda.

Se acercó de puntillas y le preguntó en voz muy baja a la niñera de guardia: —Mientras no estábamos, ¿lloró mucho?

La niñera respondió en un susurro: —Llamó un par de veces a papá y mamá, apuntaba hacia la puerta queriendo salir a buscarlos, pero luego le mostramos unos libros ilustrados para distraerlo y se tranquilizó.

Saber que el niño no había hecho berrinches hizo que a Lucía le volviera el alma al cuerpo, y salió de la habitación en silencio.

Tras darle un par de indicaciones a la niñera sobre el cuidado nocturno, Alejandro fue tras Lucía y la alcanzó en la recámara principal. La notaba decaída. La abrazó tiernamente por la espalda, dejando que ella se apoyara en su hombro. Con la punta de los dedos apartó los cabellos alborotados por el viento de su sien y le dio un beso suave en la coronilla.

—Ven, vamos a darnos un baño, para limpiar todo lo malo del día.

Obviamente ella pensaba ducharse, pero no con él. —Me baño sola.

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