De regreso en la habitación, Hanna se recostó en el sofá, repasando en su mente los últimos ocho años al lado de Luciano y los cuatro años criando a Camilito.
Todo su amor, todo su sacrificio, había sido en vano.
No podía seguir viviendo así. Si ya había decidido divorciarse, tampoco tenía sentido continuar trabajando en la empresa familiar.
Presentaría su renuncia al Corporativo Larios. Con su currículum, bien podía irse al instituto de investigación aeroespacial o encontrar un puesto directivo en cualquier otra empresa desarrolladora de videojuegos.
Con la decisión tomada, salió de la mansión y se dirigió a las oficinas del Corporativo Larios. El imponente edificio acristalado dominaba el centro financiero de la ciudad. La división de videojuegos, Trueno Games, ocupaba el piso 32, así que subió en el elevador directamente hacia allá.
Al pasar su tarjeta de acceso en su día de descanso, notó las miradas extrañadas de sus compañeros. Sin embargo, no era solo sorpresa; había algo oscuro y despectivo en sus ojos que la hizo sentir incómoda. Como ella siempre se había enfocado exclusivamente en el área técnica, no solía prestarle atención a los chismes y las intrigas de oficina.
Sin darle mayor importancia, se sentó frente a su computadora y redactó su carta de renuncia.
Al ser la Ingeniera en Jefa, los protocolos de la empresa exigían que su dimisión fuera autorizada directamente por el presidente del corporativo antes de pasar a recursos humanos.


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