Entrar Via

Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 194

—Pero tendrás que inventarte una muy buena excusa para explicar por qué estabas amarrada en tu propia fiesta, porque si no, llevaré todas tus atrocidades ante un juez.

—¡Hanna, detente! ¡Vuelve aquí! ¡Hanna!

Los gritos desesperados de Rocío se ahogaron cuando la pesada puerta de la habitación se cerró de golpe.

Rocío entró en pánico.

Sabía perfectamente lo potente que era el afrodisíaco que había encendido en el difusor.

La última vez que lo usó con Luciano, la intensidad fue casi insoportable.

Y ahora, la fragancia ya estaba corriendo por sus venas.

La droga comenzó a hacer efecto, haciéndola sentir como si miles de hormigas recorrieran su piel.

Una mezcla de calor, debilidad y una picazón insoportable se apoderó de ella.

Se retorcía en la cama, ahogándose en la desesperación. Quería huir, pero estaba atada; quería gritar por ayuda, pero la voz no le salía. Había caído en su propia y asquerosa trampa.

De repente, el ruido de risas estridentes y pasos pesados resonó en el pasillo.

Era Tatiana Soler, que caminaba presumiendo junto a unos seis o siete jóvenes de familias adineradas, todos evidentemente pasados de copas.

Eran la escoria de la alta sociedad, conocidos por sus excesos y por pensar únicamente con la entrepierna.

Los hombres ya estaban ansiosos y no paraban de acosar a Tatiana con preguntas.

—Tatiana, ¿de verdad esa belleza espectacular que vimos hace rato quiere jugar con nosotros? ¿Dónde la metiste?

Tatiana se tapó la boca, aguantando una risita perversa.

Señaló la puerta de la habitación que Rocío le había indicado, pasó la tarjeta magnética, abrió la puerta y empujó a los hombres hacia adentro.

—La princesa los está esperando en la cama. ¡Asegúrense de dejarla bien complacida!

Dicho esto, Tatiana cerró la puerta de un portazo.

Se quedó de pie en el pasillo, con una sonrisa de oreja a oreja que no podía ocultar.

La idea de ver a Hanna Mendoza pisoteada y arrastrada por el lodo le producía un placer inmenso.

No podía olvidar la vez que Luciano la insultó, diciéndole que no le llegaba a Hanna ni a los talones. Ese odio se había fermentado en su interior durante años.

¿Por qué Hanna tuvo la suerte de casarse con un magnate, mientras que ella, después de tanto esfuerzo, no lograba pescar ni a un heredero decente?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó