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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 205

Al escuchar a Hanna mencionar nuevamente lo ocurrido la noche anterior, Damián no pudo contenerse más y dejó salir de golpe todo el dolor que había soportado.

Un dolor provocado por el hecho de que Hanna hubiera ido en secreto a la fiesta de compromiso de Luciano, terminando drogada. Damián había corrido a salvarla, solo para escucharla suplicar por Luciano una y otra vez.

Si ella no hubiera sacado el tema, él jamás lo habría mencionado; habría dejado que la herida sanara sola con el tiempo.

Pero como ella insistía, él tampoco se iba a guardar nada.

Hanna se quedó atónita.

¿Damián decía que ella seguía pensando en Luciano?

Eso era imposible.

—Yo no... —Hanna no entendía de dónde sacaba esa idea, e intentó explicarse, pero no sabía por dónde empezar.

De pronto se dio cuenta de que su presencia en la fiesta de compromiso debió haber sido lo que causó el malentendido.

Tenía sentido. Ella nunca quiso ir a la fiesta de su exesposo.

Fue Rocío quien la obligó a ir.

Era normal que su pareja actual lo malinterpretara.

Con urgencia, Hanna se justificó:

—¡Ayer fui porque Rocío sacó las cenizas de mi abuela y me amenazó con tirarlas por el inodoro si no asistía! ¡No podía permitir que insultaran a mi abuela de esa forma, así que tuve que ir! ¡Pero no tiene nada que ver con Luciano!

Hanna observó el rostro de Damián mientras hablaba, esperando que comprendiera.

Pero claramente esa explicación no tocaba el punto clave del asunto.

Damián simplemente soltó una risa fría, se levantó de la mesa, se dio media vuelta y caminó directo hacia la habitación.

Hanna lo persiguió de inmediato.

Tenía que aclarar ese malentendido.

Damián era un hombre increíblemente ocupado, no siempre estaba en casa ni tenía tiempo para darle vueltas a las cosas. Si no resolvía esto ahora, en una hora él podría subirse a un auto y desaparecer.

Ese tipo de malentendidos, si se acumulaban para su próximo encuentro, harían un daño irreparable. Al menos, Hanna sentía que su frágil relación no soportaría algo así.

—De verdad, no es lo que piensas, me estás malinterpretando, señor Quintana. Luciano y yo ya no tenemos nada que ver, somos pasado, y además él ni siquiera estuvo ahí ayer.

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