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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 208

Mientras Hanna lo miraba embobada, él ya se había arrancado la camisa y la había arrojado a un lado.

Hanna no podía negar que esa musculatura era increíble.

Un relieve casi perfecto, desbordante de fuerza y de tensión sexual.

Hasta ahí, Hanna se limitaba a admirarlo.

Pero entonces se escuchó el sonido de la hebilla del cinturón.

Los ojos de Hanna se abrieron de par en par.

La noche anterior, medio drogada, había visto el pecho firme, el abdomen marcado, las clavículas y los hombros de Damián.

Pero nada más.

Y ahora estaba a punto de ver mucho más que eso.

Rápidamente se cubrió los ojos con las manos.

Por suerte, Damián solo desabrochó la hebilla.

Luego, tomó la mano de Hanna y la jaló hacia la orilla de la cama.

Acto seguido, él se recostó a medias sobre el colchón.

Como era de mañana, las cortinas estaban abiertas, inundando la habitación de un blanco resplandeciente.

La recámara tenía una iluminación excelente, con una vista tranquila al mar de fondo.

Que esto sucediera a plena luz del día ya era suficiente para sorprender a Hanna.

Pero lo que a Hanna le resultó aún más provocativo fue que Damián llevaba puestos unos lentes delgados, sin armazón, que parecían servir para ocultar sus emociones.

Las patillas plateadas de los lentes hacían juego con el arete de diamante en su oreja. En ese rostro habitualmente frío y sereno, los lentes deberían haber sido el toque elegante de un caballero.

Pero ahora, en medio de sus exigencias descaradas e inesperadas, esos lentes acentuaban su presencia y marcaban un contraste excitante y provocador.

Era inusual y extremadamente ardiente.

—¿Ya te bañaste?

—Sí...

Apenas Hanna abrió la boca para responder, el apuesto rostro se acercó de golpe.

Y entonces...

Damián no esperó a que ella tomara la iniciativa; selló sus labios con un beso.

Al parecer, Damián se estaba volviendo adicto a besarla.

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