La voz de Luciano denotaba una profunda decepción, y su rostro lucía más demacrado que antes.
—¿Acaso ya te estás acostando con él desde hace tiempo?
—¿Cuándo he estado yo con Julián? —Hanna frunció el ceño—. Luciano, a Rocío la metieron a urgencias. En lugar de preocuparte por ella o por la vida de tu futuro hijo, ¿vienes a reclamarme a mí? ¿Qué sentido tiene?
Luciano, enfurecido, pensó que Hanna solo mencionaba a Rocío para desviar el tema. Aunque ella ya había negado tener algo con Julián, Luciano decidió ignorar sus palabras.
—¿Crees que por firmar esos papeles puedes ocultar que me fuiste infiel durante el matrimonio? —la cuestionó—. ¿Qué pasa? ¿Acaso él te atiende mejor que yo? No querías darme un hijo, ¿será porque ya te habías enredado con él...?
Al parecer, Luciano aún no sabía que esos papeles que había firmado no tenían validez.
Pero Hanna ya no pudo soportarlo más. Se zafó bruscamente de su agarre y le propinó una fuerte bofetada.
—¡Eres un descarado! —le gritó—. ¡El que fue infiel durante el matrimonio fuiste tú, Luciano!
Luciano se pasó la lengua por la comisura de los labios. En la oscuridad de sus ojos se arremolinaba un odio punzante.
—Atrévete a decirme que no te metiste en la cama con Julián hace mucho tiempo. Por eso vinieron a maternidad, ¿verdad?
Sin importar lo que ella dijera, Luciano estaba convencido de que los había atrapado in fraganti y que venían a hacerse una prueba de embarazo.
La rabia le nublaba el juicio, volviéndolo irracional.
En los últimos meses, Hanna se había negado a tener intimidad con él y había presionado a don Ricardo para acelerar el divorcio. ¿Acaso era porque ya no podía ocultar el embarazo?
Sentía que ella no veía la hora de formalizar lo suyo con Julián, y que le habían puesto los cuernos de la peor manera.
Hanna contuvo las lágrimas. Solo por tener el título de exmarido, Luciano se atrevía a humillarla en público sin saber la verdad.
Reprimiendo su furia, dejó escapar una risa amarga.

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