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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 218

Al escuchar sus palabras, Luciano no pudo ocultar su asombro.

Pero poco después, sintió un gran alivio.

Menos mal que Rocío no había acusado a Hanna frente a su familia. De haberlo hecho, no sabría cómo enfrentar a esa anciana obsesionada con hacer sufrir a los demás.

La respuesta de Rocío resolvió el conflicto de inmediato, lo que hizo que Luciano se sintiera hasta agradecido con ella.

Se inclinó para sentarse a un lado de la cama y, mirándola, le dijo:

—Rocío, nadie quería que esto pasara, pero por suerte el bebé está bien. Vas a tener que cuidarte más de ahora en adelante.

Quería zanjar el asunto lo más rápido posible, para evitar que ella cambiara de opinión.

Rocío desvió la mirada, con expresión de profundo dolor y amargura.

Tatiana no daba crédito a lo que oía y se moría de ganas de ver a Hanna sufrir las consecuencias.

Tomó la mano de Rocío entre las suyas y le insistió:

—Rocío, doña Marisol vino hasta acá para hacer justicia por ti. ¿Segura que no hay algo más que nos quieras decir? No te preocupes, don Gustavo y yo nos encargaremos de todo.

Gustavo también clavó una mirada llena de odio y ojos enrojecidos en Hanna.

Le frustraba haber hecho tanto esfuerzo para traer a la imponente doña Marisol y ahora no poder usarla para acabar con Hanna.

Rocío le había dicho antes que la anciana disfrutaba ensañándose con gente que consideraba inferior, como Hanna.

Creía que su plan era perfecto, que con su ayuda lograría aplastar a Hanna.

¿Cómo era posible que todo terminara en nada?

Resistiéndose a aceptar la derrota, presionó a su hija:

—Pero Rocío, si tú y la señorita Tatiana me dijeron que Hanna te hizo trampa. ¿Qué, ya se te olvidó?

Rocío apretó los dientes con tanta fuerza que casi crujieron. Estaba a punto de hablar cuando, por el rabillo del ojo, vio cómo el pulgar de Hanna rozaba el botón de reproducir de la grabadora.

Hanna mantenía una sonrisa en los labios, pero Rocío sintió que la sangre se le helaba.

Se apresuró a corregir:

—No. Lo que quise decir fue un error mío.

Doña Marisol la miró, con el ceño fruncido de disgusto:

—¿Por qué tiemblas tanto? Si tienes algo que decir, dilo sin miedo. Rocío, te lo pregunto por última vez, ¿qué pasó realmente?

Rocío soltó de golpe:

Capítulo 218 1

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