Hanna se sintió abrumada; ese incidente seguía siendo una espina clavada en el corazón de él, algo que no podía superar.
—No, no, no —se apresuró a explicar Hanna—. Soy tu esposa, es imposible que pensara que eras otro hombre.
—¿Así que por fin reconoces que eres mi esposa? —preguntó Damián.
—Sí —asintió Hanna con total seriedad.
Se dio cuenta de que si él sacaba el tema ahora, probablemente era para darle la oportunidad de resolver ese malentendido que había creado tanta tensión entre ellos.
Así que intentó explicarse de nuevo:
—Si de verdad escuchaste eso aquel día, seguramente estaba medio dormida y balbuceé el nombre equivocado. Te juro que no tengo ninguna intención de volver a tener contacto con Luciano. Todo esto es un gran malentendido. Si te hice sentir mal y herí tu orgullo, te pido perdón.
—¿Y cómo piensas disculparte? ¿Solo con palabras? —Damián parpadeó, mirándola fijamente.
—¿Cómo quieres que me disculpe? De verdad, lo siento mucho...
Sus lóbulos sonrojados, las comisuras de sus ojos enrojecidas y ese tono tan lastimero al pedir perdón resultaban letalmente atractivos.
Damián la observó:
—Ya que quieres disculparte, ¿no crees que deberías pagarme con la misma moneda?
Hanna se quedó perpleja:
—¿Pagarte qué?
—Llamaste a Luciano cuando yo te estaba besando —dijo Damián—. Si quieres disculparte, debes devolverme cada uno de los besos que te di por error. Esa noche dejé marcas en ti; ahora tienes que dejar las mismas marcas en mi cuerpo, una por una, no puede faltar ni una sola. Y, además, tienes que decir mi nombre mientras lo haces.
Hanna sintió que su cabeza estallaba. Se quedó completamente paralizada.
¿Damián hablaba en serio?
Además de ser frío y de lengua afilada, ¿resultaba que también tenía un lado tan inmaduro?
Esto rompía por completo la imagen que ella tenía de él, de alguien con una madurez que superaba con creces su edad.
—¿Qué pasa? ¿No quieres?
Damián levantó la mano y le tocó el rostro. Sus manos eran tan grandes que una sola bastaba para sostener toda la cara de Hanna.
Acarició su piel sonrojada con el pulgar.


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