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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 254

Tras la partida de Damián, Hanna sintió que se estaba volviendo dependiente de él.

A veces, las palabras de Damián la herían profundamente, pero todas sus acciones demostraban lo mucho que le importaba.

Cuando se sentía mal, él la cuidaba con esmero, tratándola de maravilla.

Tenía la vaga sensación de que él sentía algo muy profundo por ella, pero no estaba segura.

Mientras él no estaba, se puso a pensar: en esa parte de su memoria que había olvidado, ¿cómo era exactamente su relación con Damián?

Porque los sentimientos no surgen de la nada.

Antes, Hanna había sospechado que la actitud de Damián se debía al afecto que él sentía por la madre de ella.

Pero luego descartó esa idea, porque Damián jamás había mencionado a su madre.

Fuera de la habitación, un secretario le mostró a Damián un video de seguridad.

—Señor, este es el video que encontramos luego de hackear todos los archivos de memoria de las cámaras ocultas en la residencia, tal como nos ordenó la última vez. Las imágenes son bastante sugerentes.

Damián no necesitó ni mirarlo para saber de qué se trataba.

La última vez que Hanna había sido drogada, Damián ordenó intervenir todas las cámaras conectadas al wifi de la mansión.

Su intención original era asegurarse de que no hubiera imágenes comprometedoras de Hanna, pero terminaron encontrando algo inesperado.

El secretario, al percatarse del contenido, se lo mostró de inmediato.

Damián esbozó una media sonrisa, como si recordara algo divertido.

—¿Cuándo celebrará la familia Larios la boda de Rocío?

—En tres días —respondió el secretario.

Damián asintió.

—Será un buen momento para hacerles una visita.

Dicho esto, hizo un gesto con la mano para que el secretario se retirara, y luego dio media vuelta para regresar a la habitación de Hanna.

No quería hacerla esperar demasiado.

Al abrir la puerta, encontró a Hanna sentada en la cama. Aunque parecía un poco decaída, por alguna razón, se veía preciosa.

Estaba ligeramente somnolienta, y la luz de la lámpara resaltaba sus mejillas sonrosadas, dándole un aire encantador, como el de un durazno a punto de madurar.

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