Hanna llegó a su límite. Giró el rostro, lista para ponerla en su lugar, pero se congeló al ver a Luciano parado a unos metros de distancia, observándola con una mirada sombría.
Hanna curvó los labios en una sonrisa de desdén. No iba a perder su tiempo discutiendo con una idiota. En su lugar, se limitó a señalar:
—Señorita Luján, la persona que esperaba ya llegó.
Rocío se dio la vuelta, fingiendo sorpresa al ver a Luciano.
—¡Lucho! ¿A qué hora llegaste?
—Acabo de llegar —respondió Luciano, avanzando con sus largas piernas.
Su mesa estaba ubicada al otro extremo, junto a las ventanas. Desde su asiento, Luciano tenía una vista perfecta de Hanna.
Pero Hanna no podía verlo a él.
Así que Luciano se dedicó a observarla sin ningún disimulo.
Mientras tanto, Rocío le relataba la supuesta historia de amor entre Hanna y el gerente del restaurante.
Cuando Luciano volvió a mirar en su dirección y vio que el gerente le servía vino a Hanna, su expresión se volvió aún más gélida.
—Lucho, estoy completamente segura de que Hanna está saliendo con Valerio —dijo Rocío, estudiando la reacción de Luciano.
Y probando el terreno, añadió—: Con tal de demostrar que nos superó, se conformó con el primero que encontró... Aunque claro, Valerio viene con un niño incluido, así que es un combo dos por uno.
El hermoso rostro de Luciano se tensó. Apartó la mirada lentamente.
—Con quién salga mi exesposa no es asunto mío.
—Tienes razón —dijo Rocío, levantando su copa—. Lucho, estoy tan feliz de que al fin aceptaras cenar conmigo. Brindemos.
Luciano se bebió la copa de vino de un solo trago. Llevaba días huyendo de la realidad.
Pero al juzgar por el aspecto de Rocío, parecía haberse recuperado por completo del aborto espontáneo.
Aunque él no la había visitado ni se había preocupado por ella en todo ese tiempo.
—En realidad, si no me hubieras llamado hoy, yo te habría buscado.

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