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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 244

Mateo ya traía ese morbo retorcido. A menudo fantaseaba con sedar a alguna pasajera para llevársela.

Por eso, siempre llevaba cloroformo en la cajuela, comprado por debajo del agua. Y hoy, le vino como anillo al dedo.

Mateo se sentía intocable, pero en cuanto Hanna le recordó lo que pasó aquella noche, sintió un escalofrío.

El recuerdo de la golpiza, de haber perdido su hombría y de estar condenado a usar solo las manos con las mujeres para el resto de su vida, le inyectó una dosis de miedo.

Se quedó callado, le volvió a pegar la cinta en la boca a Hanna y salió del lugar.

En cuanto logró secuestrarla y amarrarla, llamó a Gustavo. Cuando Gustavo escuchó que ya la tenía asegurada, se llenó de euforia.

Fue tan generoso que, en ese mismo instante, le transfirió cien mil pesos como adelanto.

Como Mateo tenía hambre y Hanna seguía inconsciente, pensó que no había prisa. Se fue a comer como rey antes de regresar.

Pero ahora, al escucharla amenazarlo con sus contactos, el hombre que había quedado lisiado para siempre por esos mismos contactos sintió que se le aflojaban las piernas. Quería salir a llamar a Gustavo para que se apurara.

Sabía que, si Gustavo llegaba, no tendría nada que temer. Después de todo, el respaldo de Gustavo era mucho más poderoso.

Al notar que ya no se escuchaban ruidos afuera, Hanna aprovechó para usar el vidrio que tenía escondido y cortó la cuerda de sus tobillos. Luego, caminó sigilosamente hacia la salida.

El hombre estaba apoyado contra el marco de la puerta, fumando.

Hanna miró a su alrededor. Era la única salida, y él la estaba bloqueando.

Agarró un tubo de acero corto que estaba en el piso y se agazapó junto a la entrada, esperando. Tal como predijo, el hombre tiró el cigarro y se dispuso a entrar.

En cuanto cruzó el umbral, Hanna levantó el tubo y le dio un golpe seco y brutal en la nuca.

El hombre, tomado por sorpresa, recibió todo el impacto y se desplomó de cara contra el suelo.

Hanna soltó un suspiro de alivio. Creía que él la había secuestrado por venganza personal, pero ahora que estaba inconsciente, solo tenía que salir corriendo de ahí.

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