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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 243

Le arrancó la cinta de la boca de un tirón.

—Maldita perra, al fin caíste en mis manos. Vas a pagarme diez veces lo que me hiciste perder.

Hanna lo miró fijamente y sus pupilas se encogieron de golpe.

—¿Tú?

Hanna jamás olvidaría ese rostro. Era el taxista que la había llevado la noche que se mudó de la mansión Larios.

Esa misma noche, después de confirmar que ella vivía sola, el muy desgraciado forzó la cerradura, metió un inhibidor de señal para evitar que llamara a la policía, y estuvo a punto de abusar de ella.

Por suerte, los guardaespaldas que Damián había enviado para protegerla en secreto intervinieron. No solo le dieron la paliza de su vida a ese depravado, sino que le soltaron una patada tan brutal en la entrepierna que lo castraron físicamente de por vida.

Como ya tenían historia, un terror helado invadió a Hanna.

—¿Por qué me secuestraste? —soltó apresuradamente—. ¿Es una venganza? Te lo advierto, si te atreves a ponerme un dedo encima, los que me protegen te harán desear estar muerto. ¿O ya se te olvidó la lección de la última vez?

El hombre se llamaba Mateo. Era un simple taxista fracasado de mediana edad.

Sin padres, sin dinero y sin esposa. Y para colmo, era sobrino lejano de Gustavo Luján.

Mateo pasaba sus días manejando y enviando mensajes morbosos en los grupos de WhatsApp de choferes, opinando sobre las faldas y los pechos de sus pasajeras.

Fue Gustavo quien le ordenó hacer guardia afuera de la mansión de los Larios aquella noche. La idea era ayudar a Hanna con el equipaje, averiguar dónde viviría y buscar el momento perfecto para abusar de ella.

Ni siquiera Gustavo imaginó que Mateo, al ver lo hermosa y voluptuosa que era Hanna, perdería la cabeza por completo.

Quiso hacerlo esa misma noche.

Gustavo, al enterarse, lo animó. Le dijo que, si la hacía suya, Hanna no tendría más remedio que quedarse con él, y que así Mateo podría apoderarse de su casa fácilmente.

Pero el plan fue un desastre. Unos matones gigantescos aparecieron de la nada, le fracturaron varios huesos y le dejaron un daño permanente en sus órganos reproductores.

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