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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 5

El corazón de Hanna se contrajo con un dolor insoportable.

Cuando vio los mensajes donde Rocío lo llamaba hijo, aún había intentado autoengañarse.

Cuando Isabel le contó cómo jugaban como familia en el restaurante, había tratado de consolarse pensando que Rocío solo intentaba arrebatarle su vida.

Pero ahora él lo había admitido de su propia boca.

Hanna se incorporó temblando, sin poder detener el llanto.

—Luciano... ¿Por qué me haces esto? Sabías perfectamente que ella me hizo perder a mi bebé, ¡¿y aun así tuviste la desfachatez de darle un hijo?!

Luciano respondió con un tono arrogante y desdeñoso: —Ya te había advertido que no volvieras a mencionar el tema. Ya pasó, además, Rocío no lo hizo a propósito.

—¿Que no fue a propósito? ¡Claro que lo fue! Yo soy tu maldita esposa, ¿por qué prefieres creerle a ella y no a mí?

Las venas del cuello de Hanna se marcaron por la agitación. Este matrimonio la había hecho tragar demasiado sufrimiento. Había soportado la pérdida de su bebé sola, viendo cómo su esposo perdonaba a la culpable, y justo cuando creía estar superándolo, recibía otro golpe demoledor.

¿Acaso Luciano y Rocío no descansarían hasta volverla loca?

—Bien, dejemos eso de lado. ¿Qué demonios pretendías metiendo a tu hijo a mi casa? ¿Me crees estúpida? ¡No soy una idiota, Luciano!

Los gritos histéricos de Hanna se rompieron en el aire.

Luciano se limitó a mirarla con total frialdad: —Adoptamos al niño por consideración a ti. Él no tiene la culpa de nada, podría ser tuyo. Como tú no querías parir, simplemente tenías que criarlo bien.

El corazón de Hanna se hizo pedazos.

Había sido un engaño, una conspiración en su contra.

¿Cómo tenía el cinismo de decir que lo hizo por consideración a ella?

—¡¿Te estás escuchando, Luciano?! —estalló Hanna, perdiendo por completo la sumisión que la había caracterizado.

Si entendía bien, él creía que tener un hijo con su amante estando casado no era ningún delito, ¡y que además ella debía adorar a su bastardo!

Jamás lo aceptaría.

Si lo aceptaba, ese niño tarde o temprano se adueñaría con todo el derecho de los bienes y los frutos de sus años de esfuerzo.

Por más que se hubiera rebajado por amor, nunca llegaría a ese extremo.

La voz de Luciano resonó fríamente: —Sé perfectamente lo que digo, la que está confundida eres tú. Más te vale ubicarte y jugar bien tu papel como la Señora Larios. Este puesto a mi lado es lo que siempre soñaste.

Sí, alguna vez lo fue.

Pero a partir de hoy, ya no.

Hanna soltó una risa amarga; ya estaba harta de ser la Señora Larios.

En ese instante, sacó los papeles del divorcio que tenía preparados.

Estuvo a punto de entregárselos: —Quiero que veas esto.

Capítulo 5 1

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